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Para poder hacer un análisis frío de la situación resultado de las elecciones autonómicas de ayer en Cataluña, aún siendo un análisis breve, hemos debido esperar al día después de los comicios cuando ya el 99,89% de los votos ha sido escrutado. De esta manera, evitamos análisis en caliente que podrían quedar distorsionados al minuto de realizarlos por cambios de último momento, como ocurrió a partir del 25% del voto escrutado, cuando el voto de las grandes áreas urbanas catalanas empezó a hacer cambiar la balanza del reparto de escaños para cada Partido. No obstante, en líneas generales, este sería el panorama después de la batalla, que no supone el fin de la guerra. Los datos de votos los hemos sacado de aquí. Los puntos de este análisis son tres. El primero, en referencia al bloque separatista, que crece en votos y sigue su progresiva ascensión, a pesar de la presión del Estado. El segundo, sobre Ciudadanos, su victoria en solitario y cómo se convierten, a partir de ahora, en seria amenaza para PP y PSOE de cara a las próximas elecciones generales. Y el tercero, sobre el fracaso analítico y práctico de la izquierda indefinida, sin proyecto de Estado, que domina en las cúpulas de los partidos que, desde el 15 M, han pensado que la Historia empezaba con ellos:

  1. El panorama es parecido a la situación del 2015, pero con significativas diferencias respecto a entonces. Por ejemplo, frente al 77,44% de participación en las elecciones de 2015, en las de ayer se ha subido hasta el 81,94% de los votos, lo que supone una subida de más del 4% respecto a las anteriores elecciones autonómicas. Esto se debe a dos factores: el voto de gente muy jóven que, por primera vez, concurre a una cita electoral, y la movilización de la abstención que no votó en pasadas citas electorales. En 2015, el bloque separatista explícito (Juntos por el Sí más la CUP) sumó 1.966.508 votos. Entonces, Juntos por el Sí consiguieron 1.628.714 votos. Ayer, Juntos por Cataluña (la candidatura ad hoc de Carles Puigdemont, el líder separatista fugado a Bélgica) y ERC (con su líder, Oriol Junqueras, entre rejas) sumaron un total de 1.870.009 votos. Han sumado 241.295 más que en 2015. La CUP ha recibido 193.352 votos ayer, perdiendo hasta 144.442 respecto a 2015, cuando obtuvieron 337.794 votos. Presumiblemente, esos 144.442 votos habrán pasado a ERC, a los que hay que sumar 96.853 nuevos votos separatistas, que no son muchos. En total, las fuerzas separatistas han sumado en 2017 un total de 2.063.361. Esto supone un aumento del voto separatista en 193.352 votos. El separatismo crece. Sigue obteniendo mayoría absoluta en el Parlamento catalán, y es posible que en dos generaciones, si siguen manteniendo el poder sobre los medios públicos y subvencionados de comunicación (TV3, Rac1, Catalunya Radio, La Vanguardia, El Punt Avui, Ara) y sobre la educación (desde primaria hasta la Universidad), crezcan mucho más, lo que les daría más posibilidades de conseguir la independencia y el reconocimiento internacional, como ya señalan algunos estudios (hasta un plazo de 14 años, para el 2031). La CUP está muy mermada, pero sigue siendo decisiva pues, si no se cumplen sus expectativas (proclamar la República Catalana ya), no apoyará a Puigdemont y Junqueras, o a los que ocupen sus puestos. Las batallas internas del bloque separatista pueden retrasar esta proclamación, sobre la cual volverá a actuar el poder del Estado, aplicando un artículo 155 mucho más duro que el aplicado este año. Y Puigdemont, si pisa territorio español, será inmediatamente detenido, aunque es más peligroso fuera tratando de conseguir apoyos internacionales, ahora más receptivos a un resultado electoral que da al bloque separatista mayoría en escaños. No obstante, la convocatoria de elecciones no iba a solucionar, en absoluto, el problema separtista. Solo ha servido para ver las tendencias que en Cataluña, y en el resto de España, se pueden ir conformando de cara al futuro político inmediato. El problema separatista no se va a solucionar mientras se piense en él en términos democráticos burgueses. Solo la batalla política, ideológica y cultural contra el separatismo puede permitir su derrota. Y en esa batalla, la ilegalización de Juntos por Cataluña, ERC y la CUP es condición indispensable para empezar a solucionar la cuestión, junto con el monopolio absoluto durante, al menos, cincuenta años, sobre la educación en todas sus fases y sobre los medios de comunicación públicos y subvencionados, para generar un muy mayoritario sentimiento españolista en las masas que permita, en el medio plazo, cercenar el trabajo iniciado durante la Transición, que ha posibilitado la situación actual.
  2. Si en conjunto el bloque separatista es el gran triunfador (condicionado a lo dicho en el anterior punto) de la noche electoral, sin embargo, en solitario los grandes triunfadores han sido Ciudadanos. Ellos se han convertido, en votos y escaños, y por sí solos (sin ir en comandita con un PP venido a menos, y un melifluo PSC), en la fuerza mayoritaria en toda Cataluña, ganando en Tabarnia (Tarragona y Barcelona), esa entidad españolista en Cataluña que, al menos virtualmente, es la Crimea catalana. En 2015, Ciudadanos obtuvo 736.364 votos. Ayer, consiguió 1.102.099 votos, aumentando en 365.735 votos con respecto a hace dos años. Una cantidad de votos que han venido de la abstención, del PP (que en 2015 obtuvo 349.193 votos, y que ayer bajó hasta los 184.108, perdiendo 165.085) y, de manera muy significativa, del cinturón rojo industrial de la provincia de Barcelona, que fue morado (podemita) durante un tiempo. El PSC-PSOE ha aumentado en votos (523.283 en 2015, 602.969 ayer, ganando un total de 79.686 votos), por lo que su trasvase de votos a Ciudadanos habrá sido muy testimonial. Por su parte, los Comunes (Podemos y adláteres), mientras que en 2015 consiguieron 367.613 votos, ayer bajaron hasta los 323.695, por lo que han perdido 43.918, presumiblemente repartidos entre el PSC, Ciudadanos y la abstención, y muy testimonialmente hacia fuerzas separatistas. Inés Arrimadas, la candidata de Ciudadanos, a pesar de haber ganado en solitario, no podrá gobernar porque las fuerzas separatistas tienen mayoría absoluta en escaños. No así en votos, pues si sumamos los votos de Ciudadanos, PSC, Comunes y PP, da un total de 2.212.871, una cantidad de votos que no constituye un bloque en absoluto tan homogéneo como el número de votos separatistas, pero en tanto que bloque mayoritariamente no separatista saca todavía al separatismo un total de 149.510 votos. Los cuales, como ya hemos dicho en el punto anterior, podría ir reduciéndose con los años hasta ser superado el bloque españolista por el separatista en dos generaciones si mantienen el control sobre los medios de comunicación públicos y subvencionados y sobre la educación en todas sus fases, y si siguen siendo fuerzas facciosas legales. No obstante, el mayor beneficiado, a priori, de estos resultados, no es Inés Arrimadas, sino Albert Rivera. Con lo de ayer, Ciudadanos se convierte en serio competidor de PP, PSOE e incluso Podemos, a la hora de conseguir el favor popular de cara a unas elecciones generales. Y Rivera podría cumplir su objetivo de emular, en España, lo ya realizado por Justin Trudeau en Canadá, Emmanuel Macrón en Francia o, más recientemente, Sebastián Kurz en Austria: aupar a una fuerza jóven, liberal, al poder de una democracia burguesa occidental. Estos resultados, si tomamos Cataluña como laboratorio del resto de España, pueden impulsar a Ciudadanos a cotas electorales hasta ahora impensables para ellos.
  3. Como último punto, comentar que la estrategia de Podemos-Izquierda Unida (PCE)-Equo-Confluencias-Mareas y demás, partiendo de análisis errados (tipo “el régimen de 1978 está en crisis, hay que apoyar el separatismo en Cataluña para romper dicho régimen y extender, después, el proceso constituyente al resto de España para crear una República Federal y Solidaria, plurinacional y con derecho de autodeterminación“), han dado lugar al resultado de ayer. La autocrítica de puertas afuera (y me temo que, también, de puertas adentro), ha brillado por su ausencia, culpando a la aplicación del artículo 155 de la situación (una aplicación, insisto, muy leve, que podría ser mayor en el futuro si la aventura separatista vuelve a darse). La izquierda indefinida, que es mayoritaria en España, que carece de un proyecto nacional, que no tiene una posición clara respecto del Estado, y que es tanto extraparlamentaria como parlamentaria (está asentada en las cúpulas nacionales y regionales de Podemos, Izquierda Unida, PCE, etc.), no entiende España, ni su Historia (que rechaza) ni su realidad actual. No entiende, y probablemente no haya entendido nunca, la posición que España ocupa en el Mundo, y de ahí las aventuras suicidas que emprenden día sí, día también. Los obreros españoles están dispuestos a votar, mayoritariamente, a un partido liberal, Ciudadanos, en Cataluña (tendencia que podría extenderse al resto de España), con tal de mantener unida la caja única de la Seguridad Social, la unicidad de los convenios colectivos y, también, las relaciones sociales y familiares que durante siglos de convivencia común han asentado las bases reales, históricas, de la nación política española. Mientras la izquierda indefinida sea mayoritaria, aún definiéndose a sí misma como “comunista”, “socialdemócrata” o “populista”, los amoríos con el neofeudalismo separatista seguirán siendo habituales. Porque los obreros no van a sentirse impresionados porque unos indocumentados de izquierda indefinida llamen “falangistas”, “fascistas” o “candidatos del IBEX 35” a un partido, Ciudadanos, que tras lo de ayer en Cataluña amenaza, de verdad, la hegemonía de PP y PSOE en el resto de España, a unos niveles que Podemos solo pudo rozar. Este tipo de izquierda indefinida ha existido siempre, pero desde el 15M es cuando está viviendo su apogeo cultural, social y político. El 15M ha sido una desgracia epocal para España. Por mi parte, en tanto que pequeño partícipe de aquello en 2011 en Izquierda Hispánica y, luego, en Democracia Real Ya, quiero pedir desde esta bitácora perdón a mi país, a España, por haber ayudado mínimamente a que la izquierda indefinida tuviera el poder que tiene ahora. Quizás, unos buenos manguerazos de agua en la Puerta del Sol hubieran acabado de raíz con el problema. Ahora, en vez de manguerazos, necesitaremos tsunamis para barrer de basura las playas de la política nacional. Una basura, además, de origen universitario postmoderno más que claro. La limpia, por tanto, ha de darse también en la Univesidad, donde han sido apesebrados todos estos mentecatos y estúpidos en el desprecio a los sin estudios, al obrero y al campesino, al jubilado y, por qué no decirlo, al formado en marxismo-leninismo y en materialismo. Tenemos que volver a hacer nuestra la frase de Marx: “Nuestra tarea es la crítica despiadada, y mucho más contra aparentes amigos que contra enemigos abiertos

Santiago Armesilla

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