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El gigante asiático incrementó su poderío naval en la zona, con el que controla buena parte de la actividad pesquera en estas aguas en disputa.

Una "guerra silenciosa". Así denominan algunos analistas a las políticas desarrolladas por Pekín en el mar de la China Meridional, donde el gigante asiático desplegó 300 barcos con los que controla la pesca en la zona reclamada por varios países, publica Bloomberg.

Gracias a esa presencia, los pesqueros de las naciones vecinas son detenidos y obligados a abandonar su carga, según el medio. "Dijeron: 'Estas son aguas de China. No están autorizados a pescar aquí. Si continúan haciéndolo, sus redes serán cortadas, el barco será llevado a China y serán castigados'", cuenta al portal el capitán de pesquero vietnamita Tran Van Nhan, quien fue interceptado el mes pasado por oficiales chinos.

Nhan asegura que su tripulación perdió así más de dos toneladas de calamar seco, valuadas en cerca de 10.000 dólares, unas cuatro veces más que el ingreso anual promedio en Vietnam. Desde entonces, no quiere regresar a estas aguas.

Esta situación, según el portal, se volvió repetida en una región por la que se realizan intercambios comerciales por unos tres billones de dólares anuales. Por eso, para controlar el área es fundamental incrementar el poder de las guardias costeras, algo en lo que China también llevó la delantera en los últimos años.

"Puedes llamarlo una guerra silenciosa", afirma Le Hong Hiep, investigador del Instituto Yusof Ishak de Singapur, quien agrega que Pekín "está disputando las aguas, hay violencia, pasa todo el tiempo".

No obstante, otros países que compiten por la zona, como Malasia, Vietnam o Indonesia, también realizaron acciones contra pesqueros, entre ellos chinos, y hasta destruyeron embarcaciones que habían sido incautadas.

"Hay un creciente reconocimiento de los gobiernos regionales de la necesidad de aumentar los esfuerzos para salvaguardar sus derechos e intereses marítimos", sostiene Collin Koh Swee Lean, investigador de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam de Singapur.

Tensión en aumento

Las críticas a las acciones chinas en este mar se repiten cada vez más por parte de las autoridades de los países de la región. Uno de ellos es Filipinas, cuyo polémico presidente, Rodrigo Duterte, amenazó con una posible guerra: "Esto no es una advertencia, es solo un consejo para mis amigos, ya que somos amigos de China. No pienso suplicar. Simplemente pido a China que se despida de [la isla] Thitu, porque tengo a mis soldados allí", manifestó en abril último, a la vez que instó a EE.UU. a enfrentar a Pekín.

"¿Es correcto que China declare ser dueño de un océano?", se preguntó en junio pasado y agregó: "Díganmelo ahora, yo también reclamaré el mío".

Por su parte, la vocera del Ministerio de Asuntos Exteriores de Vietnam, Le Thi Thu Hang, exigió una compensación por lo ocurrido a sus pescadores luego de que navíos chinos los interceptaran y les robaran su carga cerca de las islas Paracelso.

Indonesia, en tanto, ratificó su intención de crear instalaciones de almacenamiento en el noroeste de la costa de la isla de Borneo, mientras que para enfrentar la caza furtiva, destruye los barcos que incauta en sus aguas, muchos de los cuales son de origen chino.

En respuesta, el Gobierno de Xi Jinping rechazó las críticas y las amenazas. El vocero del Ministerio de Exteriores chino, Geng Shuan, aseguró que los incidentes pueden resolverse "en base al principio de mutuo compromiso y consulta amistosa", a la vez que destacó que no pretenden que hechos particulares puedan afectar la "situación general de las relaciones bilaterales".

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