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La nueva estrategia ártica del Pentágono es un paso adelante, pero no suficiente para contrarrestar a Rusia y China. Mientras Washington utiliza el lenguaje de rivalidad de las grandes potencias, sus acciones aún están lejos de alcanzar sus palabras, escribe el historiador estadounidense HalBrands en su artículo para la agencia Bloomberg.

"El cambio climático está transformando la región, abriendo nuevas rutas marítimas y facilitando la explotación de los recursos submarinos", así explica Brands el interés de varios países por el Ártico.

La Ruta Marítima del Norte, que discurre a lo largo de la costa septentrional de Rusia, reduce drásticamente el tiempo de transporte entre los puertos de Asia oriental y Europa en comparación con las rutas existentes a través del estrecho de Malaca, observa el autor.

Además, según algunas estimaciones, el Ártico contiene el 30% del gas natural del mundo y más de un billón de dólares en minerales de tierras raras de importancia estratégica, agrega.

Al mismo tiempo, la región se está convirtiendo en una zona disputada. Según el columnista, "Rusia está mejorando su capacidad de proyección de poder y reafirmando su control sobre las rutas marítimas clave". China, que "se autodefine como una potencia cercana al Ártico, está comenzando a desarrollar una presencia militar y a vincular sus actividades en la región con la iniciativa de Un cinturón, una ruta, que abarca todo el mundo".

"A medida que las tensiones entre las grandes potencias se vayan intensificando, se extenderán cada vez más hacia el Ártico", pronostica Brands.

En este contexto, durante la reunión del Consejo del Ártico, que se celebró en mayo, el secretario de Estado, Mike Pompeo, expresó que a EEUU le preocupa el proceder de China en la región ártica y los planes de Rusia de conectar la Ruta Marítima del Norte con el proyecto chino de la Ruta de la Seda Polar.

Sin embargo, Moscú consideró absurdas e infundadas las declaraciones de EEUU sobre el comportamiento "agresivo" de Rusia en la región del Ártico. Pekín, a su vez, declaró que no planea inmiscuirse en los asuntos que son de competencia exclusiva de los Estados árticos, pero que tampoco hará caso omiso a los problemas árticos que afecten los intereses globales.

Mientras tanto, los principales documentos y discursos estratégicos de EEUU hacen hincapié en que la Armada, la Infantería de Marina y la Guardia Costera realizarán más ejercicios en la región. Estados Unidos puede emprender operaciones de libertad de navegación para desafiar a Rusia y a otros países que reclaman soberanía sobre lo que EEUU considera vías fluviales internacionales, señala Brands en su artículo. Además, habrá una mayor cooperación con los aliados, añade.

No obstante, las acciones de EEUU aún están lejos de alcanzar sus palabras, y, en realidad, el país enfrenta varios desafíos serios en la región.

"El primero es la enorme brecha entre los objetivos y los recursos. Rusia tiene 14 rompehielos, ha construido seis bases en el Ártico desde 2013 y está volviendo a poner en funcionamiento las viejas bases aéreas y la infraestructura. Las capacidades de China en el Ártico son mucho más débiles, pero están creciendo. Las capacidades de Estados Unidos, desafortunadamente, son muy deficientes", afirma el autor.

Brands señala que "el Departamento de Defensa de EEUU tiene solo un rompehielos pesado y otro de clase media, mientras que estos barcos son indispensables para operar en el Ártico".

En abril, el Pentágono firmó un contrato para la construcción de un rompehielos de clase pesada para la Guardia Costera. Se construirá como parte del programa Polar Security Cutter (PSC), según el cual se planea construir tres naves de clase media y pesada.

"Todo bien, pero apenas satisfactorio: entre la escasez de rompehielos, la falta de infraestructura e instalaciones adecuadas al norte del círculo polar ártico y otras carencias, Estados Unidos se encuentra en una situación de desventaja que requerirá tiempo y dinero", concluye Brands.

Al mismo tiempo, el viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia, AlexandrGrushkó, declaró a finales de junio que Occidente intenta crear un problema artificial con la "militarización" del Ártico por parte de Rusia con el fin de justificar sus grandes inversiones en Defensa.

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