Ernesto Milá

Las dos grandes guerras económicas del siglo XX, la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial tuvieron como desencadenante la política inglesa de evitar que ninguna potencia fuera hegemónica en Europa. Ni el Kaiser era un imperialista irredento, ni Hitler quería conquistar una Europa que sabía que orbitaría en torno a 100 millones de alemanes reunificados en 1938 y que, por el mismo peso de su economía, ejercerían de polo en torno al cual se construiría el “nuevo orden europeo”.

El resultado de las dos guerras mundiales fue la derrota de Europa. De la Paz de Versalles no queda nada. De la conclusión de la Segunda Guerra Mundial queda la OTAN, ese residuo infame que nunca debería de haber nacido y que no ha sido otra cosa que el reconocimiento del vasallaje europeo a los EEUU. El problema es que los EEUU son un “imperio” en decadencia, inviable a corto plazo, desestabilizado interiormente y que, en cualquier momento, puede descomponerse, no por amenazas exteriores, sino por desplome interior. A los gobiernos europeos, nada de todo esto parece importarles mucho. Presos todavía en la dinámica de la Guerra Fría y castrados por izquierda “altermundialista”, por “ecopacifistas” y por una derecha que se reconoce en el “modelo americano”, Europa agoniza a la misma velocidad que la “capital imperial”.

DE LA CECA A LA CED, DEL CARBÓN Y EL ACERO A LA DEFENSA

En 1945, lo importante era reconstruir Europa y ser conscientes de por qué y cómo se habían provocado los dos conflictos mundiales.

No todos los políticos europeos estaban cegados por las “operaciones psicológicas” que habían presentado al Kaiser, primero, como agresor, y luego a Hitler como bestia sedienta de sangre. Personajes como Jean Monnet o Robert Schuman eran conscientes, de que existía una conflictividad entre Alemania y Francia por la cuestión del carbón y del acero, pero eso podía arreglarse simplemente estableciendo pactos mutuos duraderos y reordenando la economía europea.

Fue así como nació la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) en 1951 reuniendo a Francia, la República Federal Alemana, Italia, Bélgica, Luxemburgo y Holanda. Con este acuerdo histórico se aparcaban tres guerras que habían mermado a tres generaciones de franceses y alemanes y que siempre habían sido estimuladas por la política tradicional inglesa desde el siglo XVIII: evitar que ninguna potencia europea fuera hegemónica en el continente y torpedear cualquier intento de formalizar un acuerdo París-Berlín-Moscú.

La CECA fue “aceptada” por el presidente Truman. A fin de cuentas, en esos momentos, los EEUU estaban embarcados en la Guerra de Corea y precisaban mantener la alianza con los Estados europeos. No era la mejor ocasión para tirarles de las orejas. Sin olvidar que, en 1951, la URSS ya había realizado pruebas nucleares en Semipalatinks. EEUU, en ese momento, no podía tener fricciones con los “aliados” europeos.

Sin embargo, cuando al año siguiente, René Pleven, jefe del gobierno francés, Jean Monnet y Robert Schuman, plantearon la creación de unas “fuerzas armadas europeas”, sin inclusión, ni de los EEUU, ni del Reino Unido. En efecto, la OTAN se había creado en 1949, pero era excesivamente dependiente de los EEUU y eso convertía al continente europeo en seguro teatro de operaciones en caso de enfrentamiento con la URSS. Inicialmente, los EEUU apoyaron la iniciativa pensando que les evitaría realizar un mayor despliegue en Europa, y sin merma de su influencia. La Comunidad Europea de Defensa (CED), que debía ser la traslación militar de la CECA, encontró una inesperada oposición en el general De Gaulle anclado en su “pequeño nacionalismo”. Si Francia podía ser, por sí misma, una potencia nuclear, si todavía mantenía un “imperio” en Indochina (que se perdería en 1954), en Argelia (que se perdería en 1962), en África (colonias que se irían perdiendo por goteo desde los años 60, hasta la independencia de Djibuti en 1977), no necesitaba cooperar militarmente con “enemigos históricos”.

En 1954 el proyecto de la CED quedó oficialmente enterrado. Así pues, todos con la OTAN…

LA GRAN ESTAFA DEL REFERENDUM SOCIALISTA SOBRE LA OTAN. ASUNTO OLVIDADO…

Desde entonces la OTAN no ha dejado de crecer: hoy está formada por 30 estados miembros (la última incorporación es Macedonia del Norte en 2020). No es, ni puede ser, una asociación “paritaria” de Estados: quien paga manda, y pagan los EEUU (el 70% del presupuesto es aportado por los EEUU) hasta el punto de ser solamente un instrumento en manos de la política exterior norteamericana en el que los demás socios cuentan solo como comparsas, sin el más mínimo poder de decisión.

Algunas incorporaciones se han realizado utilizando mentiras y engaños de baja catadura. El resultado del referéndum del 12 de marzo de 1986, celebrado en España, por ejemplo, dio como resultado una victoria del SI por 56,8% de votos, sobre una participación que no llegaba al 60% del electorado: 9.054.509 votos favorables (56,85%), contra 6,872.421 votos en contra (43,15%), con 1.127.673 votos en blanco (6,54%) y 191.849 votos nulos (1,11%). Así pues, sobre un total de 29.024.494 votantes, menos de la tercera parte decidieron la entrada en la OTAN que, por lo demás, ya era miembro de la organización desde mayo de 1982 por decisión de Leopoldo Calvo Sotelo. La estafa vino porque en la papeleta de voto se decía que la permanencia de nuestro país en la OTAN decía establecerse en los “siguientes términos: “1º La participación de España en la OTAN no incluirá su incorporación a la estructura militar integrada, 2º Se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español, 3º Se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de los EEUU en España”. Pues bien, con este insólito boletín de voto, que más parecía un panfleto favorable al SI, se justificó la permanencia de España en la OTAN ¡a pesar de que las tres condiciones fueran vulneradas desde el primer momento!

España era importante para la OTAN: proporcionaba “profundidad estratégica” y los Pirineos eran -al menos en teoría- una barrera para los tanques soviéticos y nuestro territorio una posibilidad de que, en caso de invasión, se reagruparan fuerzas, se recibieran materiales y tropas para iniciar una contraofensiva.

LA OTAN CRECE, LOS EEUU PROGRESAN EN SU CRISIS INTERIOR

Pero todo esto pertenece a un mundo que en 1983 estaba a punto de caducar. Ocho años después, se disolvería la URSS. Bruscamente, la OTAN se quedó sin enemigo: desde entonces, toda la problemática de la organización ha consistido en construirse un “enemigo” tangible que justificara su existencia: “Milosevic y Serbia”, el “eje del mal”, “el terrorismo islámico”, “Saddam”, “Ghadaffi”, “los talibanes” y, ahora, Vladimir Putin. Ninguno, absolutamente ninguno de estos enemigos tenía suficiente entidad en sí mismos como para justificar la existencia de una alianza que, por definición, solamente debería haber actuado en el “Atlántico Norte”. Sin embargo, salvo en el caso de la guerra contra Sadam, ningún país europeo ha chistado jamás cuando el imperio le ha requerido a toque de pito para contribuir a abatir a tal o cual enemigo.

Pero hay un problema; en realidad, es una contradicción: cuanto más avanza la OTAN sus líneas más síntomas de debilidad muestra el “amigo americano”, menos seguras son las incorporaciones que va sumando y menos pueden aportar a la “defensa común”. Los EEUU de hoy no son los de 1989 cuando cayó el Muro de Berlín. Ni siquiera los que invadieron Iraq y Afganistán. Son los que se retiraron ominosamente de Kabul con la experiencia de la retirada de Vietnam en 1976. Ni siquiera son los del año 2000, cuando el 75% de las patentes internacionales eran norteamericanas. Los EEUU hoy muestran poco “liderazgo mundial”: son líderes, eso sí, en tiroteos masivos, asesinos en serie y parque de armas por centímetro cuadrado. Pero en nada más.

Incluso en los campos científicos más avanzados han sido rebasados por China. Es significativo que la carrera por la telefonía móvil y la conectividad, el 5G esté liderada por China (que ya está ensayando el 6G). Previamente, el 4G había sido promovido por los EEUU (con participación de Samsung), mientras que el 3G era “cosa europea” (de Siemens y de Nokia, especialmente). Los chinos, así mismo, avanzan en dura competición con los laboratorios norteamericanos en el terreno de las biotecnologías o la computación cuántica y están al mismo nivel en la carrera espacial.

En estas circunstancias, la pertenencia a la OTAN tiene todos los inconvenientes para Europa y absolutamente ninguna ventaja. Ni Rusia, ni Putin han demostrado el más mínimo interés en colonizar a Europa. Putin conoce perfectamente la apatía de la población europea por todo lo que se refiere a la OTAN. Ha sido preciso esperar el impacto de las “operaciones psicológicas” desarrolladas en torno al conflicto ucraniano y el choque emotivo de los bombardeos, para lograr que la adhesión de Suecia, Finlandia y Dinamarca, se pudiera conseguir sin grandes protestas sociales (de momento). El conflicto ucraniano, por los demás, ha demostrado que una cosa es acudir a toque de pito para aplicar “sanciones” y otra muy diferente comprometerse militarmente en un conflicto. El político que lanzara a su país a una guerra contra Rusia en defensa de valores abstractos y de situaciones artificialmente creadas, se arriesgaba a hundirse en intención de voto desde el primer momento.

LA CLASE POLÍTICA EUROPEA: TALÓN DE AQUILES DEL CONTINENTE

El talón de Aquiles de Europa es la mediocridad, la falta de sentido de Estado, las carencia intelectuales y culturales, de su clase política que ha conseguido que la UE esté sin defensa y siga teniendo que pagar la hipoteca y la subrogación de su defensa a los EEUU. Sin olvidar que las genialidades sobre rechazo a la energía nuclear y el apoyo a las “energías limpias” es suicida porque Europa carece de materiales estratégicos con los que se puedan construir baterías de litio o paneles solares. En materia de energía, Europa es hiperdependiente de Rusia y de sus suministros de gas y petróleo. Los gobiernos europeos, al querer huir de esta dependencia se han situado en el terreno aún más quebradizo e inestable de las “energías limpias” y de la “transición energética” que complica aún más la cuestión: Europa no tiene cerio, holmio, europio, samario, todos ellos lantánidos ¡procedentes de China en un 80%! Y en menor medida de Rusia, India, Australia, Canadá y Brasil… Los gobiernos europeos apuestan hoy por un modelo energético que ellos mismos no puede desarrollar. Pero, es que, previamente, esos mismos gobiernos, han aceptado que buena parte de la industria manufacturera se deslocalizara hacia China.

Los aspectos energéticos, comerciales, tecnológicos y de defensa, indican el porqué de la decadencia europea y porqué razón el continente es hoy un enano político que no cuenta absolutamente para nada, ninguneado, incluso por su “aliado”, en realidad, su “señor imperial”.

Pero la “madre de todos los errores” de la clase política europea ha sido haber renunciado a la idea de una Comunidad Europea de Defensa (que hubiera supuesto el desarrollo de una industria militar-armamentística y de investigación y desarrollo en nuevas tecnologías, que podía ser tan eficiente como el proyecto Airbus) y haber renunciado a su defensa, enfrentándose, ayer a la URSS y, actualmente, a Rusia. Los EEUU, lo único que han hecho ha sido limitarse a seguir más de dos siglos de política británica sobre el continente.

¿Y ahora qué?

Ahora, la única esperanza es que el desplome interior de los EEUU corte este vínculo de dependencia. En el momento en que eso ocurra -y todo aquel europeo que haya viajado a los EEUU habrá percibido que si no se ha producido un estallido social estos dos últimos años ha sido gracias a las ayudas sociales que han supuesto que 1 de cada 2 dólares actualmente existentes hayan sido impresos en los años de la pandemia, lo que ha disparado la inflación- será “Europa” la que se tendrá que reinventar: pero esto pasa, en primer lugar, con el entierro de la clase política compuesta por “jóvenes líderes globales”, forjada al calor del Foro Económico Mundial, con una partidocracia corrupta que asfixia a la sociedad civil y se nutre de ella mediante exacciones, presión fiscal y demagogia social, buenismo ecológico y memeces emanadas de la Agenda 2030.

Toda una vieja clase política debe morir, para que Europa pueda vivir. Todo un sistema construido para uso y disfrute de la democracia debe ceder, voluntariamente o por la fuerza, la primacía a la sociedad. Esa Europa formada por los Von der Leyer y los Borrell, debe ser reformulada y repensada y quienes han llevado a Europa a la irrelevancia, deberán tener su Nuremberg, sumarísimo, expeditivo y sin perdón. Echad un vistazo al continente, a dónde nos ha llevado su negligencia y convendréis que, para algunos de estos vendepatrias, cuatro paredes para un castigo son tres de más.

Cinco ideas a modo de resumen:

- París – Berlín – Moscú, el eje que garantizaría la paz en el continente.

- Defensa Europea Común, hay que recuperar el proyecto de la CED abandonado en 1954.

- Liquidar la OTAN por “ausencia de enemigo” y por constituir un peligro para la paz (el conflicto de Ucrania lo demuestra).

- Esperar el desplome interior de los EEUU para romper definitivamente el nexo trasatlántico.

- Instauración de una “nueva legalidad” en el continente surgida de la ruptura con la vieja clase política y con su concepto de “partidocracia”.

EL CONFLICTO UCRANIANO SE EXTINGUE

Cuando empezó el conflicto ucraniano, dijimos: se trata de un conflicto localizado en una zona de la frontera ruso-ucraniana, en absoluto de una “guerra total”. En los primeros cien días de conflicto, la afluencia de “fakes” ha sido continua. Se trataba de transmitir a la opinión pública occidental la idea de que Ucrania, no solamente, resistía, sino que, además estaba obteniendo victorias espectaculares y el ejército ruso sufría pérdidas insoportables. Estos últimos días, sin embargo, aquellos primeros “fakes” se han ido eclipsando, hasta el punto de que podemos pensar, que el conflicto se está apagando: Rusia ha alcanzado todos sus objetivos. Ahora queda escenificar la paz.

A pesar de las informaciones sesgadas de los primeros días, sobre los “avances rusos hacia Kiev”, la “defensa heroica de Kiev”, cualquier analista que se hubiera tomado la molestia de podas las informaciones que eran puras “operaciones psicológicas”, era consciente de que las operaciones rusas solamente tendían a incorporar las regiones que ya se había declarado dispuestas a separarse de Ucrania y a garantizar la conexión de la Federación Rusa con Crimea y su seguridad.

Los movimientos de tropas, las zonas ocupadas son elocuentes al respecto. No es que los ucranianos hayan “resistido” en otras fronteras: es que allí no se han producido ataques. Harina de otro costal es que la aviación y la cohetería rusa haya destruido sistemáticamente las infraestructuras ucranianas. En esto no han hecho otra cosa que operar la misma estrategia seguida por la OTAN contra Serbia en 1999: destrozar las comunicaciones, los puentes, los polígonos industriales, cuarteles, depósitos de armamento, las fuentes de energía y sus centrales de transmisión, etc. La estrategia se ha demostrado terriblemente eficaz. Si Ucrania ha soportado 100 días de conflicto ha sido por los envíos continuos de armamento realizados desde el primer momento, especialmente por los EEUU.

LA OTAN -que no Ucrania que, desde el primer momento, desde que eligió a un triste actor jázaro para presidir el país, un pequeño títere del Foro Económico Mundial (eso a lo que llaman “un joven líder global”)- puso a Putin ante el disparadero: o reaccionaba, o mostraba debilidad, dejando que la OTAN avanzara sus fronteras a 500 km de Moscú. Ciertamente, Turquía, ya estaba en la OTAN y era fronteriza: pero los “puentes” entre Ankara y Moscú son, en estos momentos de tal magnitud que resulta imposible pensar que, en caso de conflicto, el gobierno de la “Sublime Puerta” se embarcaría en operaciones contra Moscú.

En cuanto a los Países Bálticos, son demasiado pequeños como para que de ahí pueda partir una amenaza para Rusia. Y lo mismo puede decirse de los “países neutrales” que la OTAN intenta incorporar a su dispositivo: de Finlandia puede decirse lo mismo que de Turquía. En cuanto a Suecia y Dinamarca, la incorporación se ha hecho sin consultar a la población y en plena orgía de “operaciones psicológicas” de la OTAN.

La responsabilidad de un conflicto no recae sobre el que dispara primero, sino sobre el que hace que la situación llegue hasta tal punto que se produzca el estallido. Y, en este caso, basta ver el mapa animado sobre los avances de la OTAN desde la Caída del Muro de Berlín, para ver quién había tomado la iniciativa y estaba a la ofensiva. La OTAN ha hecho un mal cálculo, si de lo que se trataba era de “defender la paz en Europa”. La Rusia de hoy no es la que dirigía aquel barril de vodka exaltado por “Occidente” como “líder de la paz”, Boris Eltsin. No es la Rusia que siguió a la descomposición del sistema soviético. Ni siquiera es la Rusia de los primeros años de Vladimir Putin, aislada internacionalmente, sin recursos, gobernada por una oligarquía, en buena medida, también de origen jázaro-judío, con las infraestructuras al borde del colapso, la flota anclada en puertos y cientos de navíos oxidados, un ejército en descomposición y generales convertidos en millonarios gracias a la venta del material militar de las bases abandonadas del Pacto de Varsovia… La Rusia de Putin es la “nueva Rusia” que ha demostrado que no es aquel gigante caído al que la OTAN podía seguir golpeando impunemente en el estómago una y otra vez.

Rusia, incluso había previsto la reacción de la OTAN cuando se iniciara el conflicto. Tenía reservas suficientes para soportarlo, sabía que las “sanciones occidentales” serían tímidas (especialmente cuando los electorados occidentales se mostraban particularmente inquietos por el aumento del precio de la electricidad), era consciente que, en caso de producirse por presión de los EEUU, serían poco decididas y, además, era consciente de que, en materia de energía y combustibles, lo que no vendiera a un cliente, lo podría vender a otros.

Porque, a fin de cuentas, el eje de la economía mundial, desde los años 90, se está desplazando del área euro-occidental, al área asiática. Así que vender el petróleo que “Europa” rechazaba, no iba a suponer ningún problema para Rusia, sino que el “embargo” debilitaría los lazos de la UE con los EEUU. La UE había renunciado a tener un ejército digno de tal nombre, hipotecando su defensa a los EEUU, así pues, aceptar las decisiones políticas de Washington era el pago. Como podía esperarse desde el primer momento, las “sanciones” han terminado volviéndose en contra de la UE y han demostrado la naturaleza servil de los gobiernos europeos hacia los EEUU.

En España, donde se ha instalado el gobierno más torpe de la UE, el pedrosanchismo, es donde las cosas han ido más lejos. A pesar de que España podía recibir gas natural de Argelia, de lo que se trataba era de cerrar también ese grifo para convertir a los EEUU en el “gran proveedor gasista de España”. Ha bastado, simplemente, dar un giro a la cuestión del Sáhara, en detrimento de la posición argelina, para que se interrumpiera el flujo de gas desde ese origen.

Económicamente, la guerra está resultado una tragedia para los países de la UE. A la inflación que ya existía desde 2019 y que se había contenido durante dos años gracias al confinamiento y a la consiguiente bajada del consumo, se une el conflicto ucraniano. Ahora, la inflación se ha disparado y, tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo han aplicado medidas monetaristas de manual, olvidando que, aquí y ahora, la inflación no es un producto del recalentamiento de la economía, ¡sino una resultante del conflicto ucraniano y de las sanciones impuestas por la OTAN bajo presión norteamericana!

Obviamente, las subidas de los tipos de interés y el aumento de la inflación, solamente puede favorecer a las grandes fortunas que están viendo como sus activos de revalorizan y no tienen ningún inconveniente en pagar 300 o 600 euros más al año en concepto de elevación de los precios de la alimentación, 1.000 o 3.000 en concepto de aumentos de los precios de la electricidad, mientras que cada décima más de punto supone una importante pérdida de poder adquisitivo para las clases medias e, incluso, sitúa en el límite de la supervivencia a los que se encuentran próximos al umbral de la pobreza.

La estrategia rusa se ha mostrado excepcionalmente eficaz. Durante los primeros días del conflicto, ha podido ser ocultada por los medios de comunicación occidentales que han visto como sus espacios informativos se veían repletos de material generado en los laboratorios de “operaciones psicológicas” del Pentágono: cada día imágenes de niños sufriendo, noticias sobre 5.000.000 de ucranianos exiliados, sobre columnas y más columnas de tanques rusos destrozados, testimonios fabricados de desertores, noticias sobre avances imaginarios ucranianos y sobre “fosas comunes”, y entre un clip y otro, Zelensky con camiseta caqui, pidiendo más armas y más compromiso a Occidente…

Pero el empeoramiento de la situación económica en el territorio de la UE hace que los gobiernos más comprometidos con la OTAN, hayan experimentado pérdidas notables en intención de voto. Europa empieza a entender que sus gobiernos no son “aliados” del Imperio, sino “súbditos”. Y que, finalmente, los intereses del “imperio” dirigido por Biden, no son los mismo que los de la UE.

A toda clase política, por degenerada que sea, lo que realmente le asusta, es perder las palancas del poder. Macron se salvó, pero por un estrecho margen en las presidenciales. Si hoy estuviera sentada en El Elíseo Marine Le Pen, seguramente, ni existirían las sanciones, ni existiría la OTAN, y por supuesto, Zelensky haría unas semanas que habría trasladado su corte de los milagros a Hollywood tratando de reemprender su carrera como sucesor de Woody Allen; judíos de origen jázaro allí no faltan para echar un capote a su hermano.

El caso es que, en la última semana, el clima de los informativos está cambiando de tono en relación al conflicto ucraniano. Han desaparecido las imágenes de niños asustados y de fosas comunes. Ya no se habla de “avances del ejército ucraniano”. Tampoco se ofrecen noticias a masacres ni se trata a Putin de “bestia enloquecida sedienta de sangre” o bien de “líder a punto de soportar un golpe palaciego” y “enfermo de cáncer”. Se empiezan a difundir los partes de guerra emanados de Moscú, en donde se da cuenta -sin comentarios- de la destrucción de material de guerra norteamericano. Los “tertulianos” ya no tienen la censura de hace unas semanas y pueden expresar su “preocupación” porque las armas enviadas a Ucrania se pierdan en arsenales clandestinos y se vengan a vaya usted a saber quién provisto de intenciones aviesas. Incluso en La Sexta, alguien planteaba la posibilidad de que, acabado el conflicto, Ucrania pasara a ser un “estado fallido”.

La aparición de estas noticias, indica un cambio de orientación en la política de los medios de comunicación de la UE. Macron ha sido el primer en decir -tiene elecciones este mes- que Ucrania y Occidente deberían de “tratar no humillar a Putin”. Otras voces de la UE admiten que Ucrania debería aceptar “pérdidas territoriales” si de lo que se trata es de “alcanzar la paz”. El mismo analfabeto político, Pedro Sánchez ya no repite que “estamos en guerra”, ni sus ministrillos, ministrillas y ministrilles insisten que hay que enviar hasta a la cabra de la Legión para “apoyar al gobierno ucraniano y a la paz en Europa”. Los alemanes prometen enviar a Ucrania “un sistema antiaéreo capaz de proteger una ciudad entera de los ataques rusos”, pero Zelensky critica al gobierno alemán por no enviar el armamento pesado alemán… y los medios alemanes más vinculados al Foro Económico Mundial acusan al nuevo canciller Scholz de “no estar haciendo lo suficiente para ayudar el ejército ucraniano” …

Sólo el arteriosclerótico que duerme en la Casa Blanca, pelele del complejo militar-petrolero-industrial, envía armamento pesado, ya sin muchas esperanzas sobre la evolución de los acontecimientos. Para los EEUU, Ucrania no puede ganar, pero sí prolongar la guerra aumentando el volumen de negocio del complejo petrolero-militar-industrial, con ventas de material, armas, petróleo y gas.

Lo que ha horrorizado a los EEUU es:

- Percibir la debilidad de los “aliados europeos”, su timidez y su renuencia a adoptar sanciones, así como la fragilidad de sus gobiernos.

- La aproximación ruso-china operada por las sanciones.

- El hecho de que las sanciones adoptadas por la UE, se hayan vuelto en contra de la UE, sin afectar lo más mínimo a Rusia.

- El comprobar que la crisis ha aflorado las peores consecuencias de la política económica adoptada por el gobierno Biden: él ha sido el único responsable de la inflación brutal que recorre el mundo al haber impreso dólares sin ton ni son durante los años del covid (de cada dos dólares hoy existentes en el mundo, uno se ha puesto en circulación durante los años del Covid).

Las cosas no pueden seguir así por mucho tiempo. Resulta imposible saber cómo va a evolucionar la situación en las próximas semanas, pero se puede establecer:

- Que Rusia quiere a Zelensky fuera del gobierno ucraniano.

- Que la suerte de las armas ya está definitivamente inclinada a favor de Rusia que está alcanzando (sino ha alcanzado ya) sus últimos objetivos de la operación.

- Que, por vía de la negociación o de la rendición, el régimen de Zelensky está herido de muerte.

- Que, los gobiernos europeos tienen prisa porque acabe el conflicto y restablecer relaciones normales con Rusia.

- Que el gobierno de los EEUU aspira a que el conflicto se enquiste, y está dispuesto a enviar todas las armas que sea posible para lograrlo.

- Que el gobierno de los EEUU quiere que Europa compre su gas a precios altos como pago por haber renunciado su defensa.

- Que las sanciones contra Rusia han acercado a este país a China y reforzado lo vínculos económicos entre ambos países.

- Que, en definitiva, la Rusia de hoy no es la de Eltsin, pero los EEUU se encuentra en el momento más difícil con riesgo del estallido por problemas internos acumulados.

- Que la UE ha convertido al continente en un enano político y la OTAN en un súbdito fiel al “imperio”.

- Que el cambio en el sesgo informativo de los distintos medios de comunicación, es hoy, casi completamente opuesto a la de hace un mes, signo inequívoco de que el conflicto se extingue y de que Rusia ha alcanzado sus objetivos.

Después de más de 100 días de fakes, estos datos son los que, finalmente, se han impuesto por la propia dinámica de los hechos.

 

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