Los estados europeos están reduciendo sus presupuestos de defensa, algunos de forma contenida (Gran Bretaña, Bélgica, Polonia) en mayor medida Francia, Alemania, Hungría e Italia, otros estados en un porcentaje más elevado como Portugal, Dinamarca y Holanda y de una forma muy preocupante  ilustrando una situación económica más que difícil, España, Eslovaquia, República Checa, Bulgaria, Eslovenia y Grecia. De hecho, el número de militares en una década ha descendido de 2,1 millones aproximadamente a 1,5 y esto afectará a la eficacia de los ejércitos.

El senado francés en sus reflexiones sobre el futuro Libro Blanco de la Defensa, estima en un informe sobre las capacidades industriales, que el Estado debe deducir las capacidades industriales militares críticas en función de la forma que desee dar a su herramienta de defensa  y no a la inversa. En materia de equipamiento de defensa todo ajuste fiscal debe ir tanto a la baja como al alza, y no se debe intervenir más que después de una revisión del análisis estratégico y no antes. Aunque no se dice que toda reducción en los gastos de defensa debería dar lugar a una disminución en el tamaño del ejercito.

El Presidente del Tribunal de Cuentas francés al presentar su informe sobre el gasto en el desarrollo de la Ley de Programación Militar se pregunta sobre el número de oficiales generales que ha permanecido más o menos constante a pesar de la reducción del tamaño de las fuerzas armadas.

El ejército tiene 176 Generales y solo 15 brigadas, sirviendo más de 100 generales fuera del Ejército de Tierra, para los 3468 oficiales con el empleo de coronel, los mandos disponibles (regimientos, bases navales y aéreas) solo son 150.

El aumento de la tasa de encuadramiento pasó  del 14,6% al 15,9% entre los años 2008 y 2009, presentando además de su coste intrínseco, mas desventajas que ventajas. Esto, según el presidente, conduce a la congestión y burocratización de las administraciones centrales, a la multiplicación de las estructuras de apoyo y control y a tiempos de mando demasiado cortos y aboga por tanto a un replanteamiento (“repyramidage”) de las plantillas y una reducción voluntaria en los cuadros de mando del ministerio.

El mismo informe continua diciendo que los contratos operacionales previsto por el  Libro Blanco de la Defensa del año 2008 y sobre el que se estableció la actual LPM, no podrán ser enteramente mantenidos. Que ha habido importantes retrasos con ciertos materiales (drones, transporte y reabastecimiento en vuelo) y que la disponibilidad del material es insuficiente (dos submarinos de ataque sobre tres disponibles, dos fragatas sobre tres, 15% de los carros Leclerc, etc). Lo mismo con el entrenamiento de la fuerza: 117 días de actividad para el ejército de tierra en 2011 sobre 150 días previstos. 287 horas de vuelo para los pilotos de transporte en lugar de las 400 previstas, etc.

El tribunal propone poner en marcha inmediatamente un plan de ahorro que no puede esperar, del orden de mil millones  de euros:

  • Disminución del gasto en salarios con la reducción de 54000 empleos entre 2009 y 2015.
  • Supresión de cuarteles generales de apoyo.
  • Reducción del gasto inmobiliario.
  • Retorno al equilibrio en el servicio de salud.

Volver a poner al día el Libro Blanco hacia 2013 con una nueva ley de planificación militar

Sin embargo el  pequeño “lobby” de la comunidad defensa militar no lo entiende así. Según el presidente de ASAF, hoy el ejército se encuentra al límite de la ruptura y al borde de la implosión. Es ilusorio reducir todavía más los efectivos de las fuerzas armadas. Una vez que se reduzcan, los efectivos serán demasiado bajos (225.000) incluso inferiores a los de las fuerzas de seguridad interior o los de protección civil.

Su reducción supondrá no disponer de todas las capacidades y el mejor nivel de competencias indispensables y falta de recursos militares suficientes. Según el informe, por cada 15000 hombres desplegados y apoyados hace falta una cantidad seis veces superior en proceso de reclutamiento, formación individual, colectiva y formación específica, y  además después del regreso de la operación, el descanso, puesta en condiciones, incluso la reconversión de los más veteranos del contingente.

El senado, por su parte, ha intentado evaluar el alcance de la redistribución territorial de las fuerzas armadas y de la creación hace dos años de sesenta bases conjuntas interejércitos, destinadas a la agrupación de los servicios de las fuerzas armadas, en principio para reducir los costes.

En su informa sobre las bases de defensa, Gilbert Roger (PS, Seine-Saint-Denis) y André Dulait (UMP, Deux-Sèvres) dicen que estas bases deberían permitir mediante la agrupación de los apoyos, la reducción de 10.000 puestos de trabajo y un ahorro de 6.600 millones de euros en ocho años siempre que este ahorro no disminuya como consecuencia de los apoyos dados a operaciones como Harmattan en Libia. Este ahorro ha quedado atenuado por el coste de las medidas de acompañamiento. 1.100 millones por la reconversión del personal, 1.400 millones por los trabajos de acondicionamiento de las bases, etc. Los ponentes dicen que los apoyos externalizados deberán ser examinados sin “dogmatismos” y que recaerán en el vestuario, servicio de alimentación y mantenimiento de  infraestructuras.

El informe identifica palancas para profundizar en la reforma sin romper el modelo, cuestionando:

  • La existencia de escalones ”intermediarios” (cuarteles generales de apoyo), para evitar el riesgo de sobre-administración.
  • El fallo de los sistemas de información. “Hacen falta 45 días para saber de cuantos efectivos dispone el Ministerio, cuando con un sistema unificado solo harían falta 45 segundos”.

Las bases de defensa son criticadas a media voz por el Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra para quién sería conveniente  clarificar cuales son las cadenas  de responsabilidad y hacer converger lo táctico y los apoyos. El general opina que la creación de estas bases conjuntas supondrá un trastorno para un ejército de tierra acostumbrado durante siglos al sistema regimental y de distribución territorial. Además por primera vez desde hace mucho tiempo el ejército de tierra va a descender la barrera de los cien mil hombres.

El General Ract-Madoux no cree que  el final de la presencia en Afganistán marque lo que algunos llaman la “betteravisation” del ejército francés (término acuñado por un alto responsable del ejército de tierra que plantea el reto que se le presenta al ejército francés después de su presencia en Afganistán, el après-Afganistan, y como afrontarlo ahora que se plantean nuevos recortes presupuestarios) volviendo a la monotonía de los cuarteles y los ejercicios en los campos de maniobras. Afirma que sus fuerzas, que pueden correr el riesgo de estar deformadas por el tipo de despliegue realizado en Asía Central, estaban un poco sobre entrenadas estos últimos años y el peligro está, como en todos los ejércitos en preparar la guerra “precedente” mientras que las del futuro pueden ser diferentes.

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