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Denis Lukyanov

La lejana región de Asia Central estuvo durante mucho tiempo fuera de la agenda política internacional de EEUU. Sin embargo, las cosas han cambiado y ahora parece que el interés de Washington se ha reavivado. Esto tiene que ver en gran medida con la posición geopolítica de la región centroasiática.

La capital de Kazajistán, Nur-Sultán, se convirtió la semana pasada en el escenario de una reunión de alto nivel. El subsecretario de Estado de EEUU para asuntos políticos, David Hale, protagonizó una visita oficial a Asia Central para dialogar con los ministros de Exteriores de los cinco países de la región: Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Tayikistán.

Oficialmente, el objetivo de la cita entre los cancilleres era dar una nueva vida al formato C5+1 —Asia Central más Estados Unidos—, estrechar los lazos y fomentar la cooperación entre las partes. Pero, teniendo en cuenta la importancia de la región centroasiática, Washington también puede tener planes adicionales o incluso ocultos.

¿Para qué sirve el formato C5+1?

El formato C5+1 nació durante la Presidencia de Barack Obama. En aquella época se celebraron dos reuniones de este tipo. La Administración Trump se acordó de la existencia del formato solo dos años después de que el mandatario llegara a la Casa Blanca. Al Igual que en los tiempos de Obama, la razón principal por la que Washington volvió a recurrir al C5+1 fue la tensa situación en Afganistán.

Washington busca compartir la responsabilidad por el futuro de Afganistán con alguien más y los países de Asia Central, vecinos de este último, se han mostrado dispuestos a participar en proyectos relacionados con Kabul. Washington lo ve lógico, porque considera al país afgano parte de la región centroasiática.

Hay que tomar en consideración que, si bien todos los países del área son musulmanes, existe una gran diferencia entre los cinco países de Asia Central y Afganistán, dado que la región formó parte de la Unión Soviética durante siete décadas y tiene una mentalidad diferente. Después de la disolución de la URSS, los territorios de la zona preservaron los estrechos lazos con Rusia y algunos de ellos forman parte de las alianzas económicas y militares con Moscú.

Se trata concretamente del bloque militar denominado Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (OTSC) que incluye, entre otros, a Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán, y que en el pasado contó con la participación de Uzbekistán. Los primeros tres países citados forman parte de la Unión Económica Euroasiática (UEE). Y Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán son miembros de la Comunidad de Estados Independientes, mientras que Turkmenistán es un país asociado.

Washington no quiere que los Estados de Asia Central cooperen activamente con Rusia en el marco de la OTSC y la UEE, opina Andréi Kazántsev, especialista en la región y politólogo.

"Los estadounidenses no tienen ninguna otra opción más que hacer caso al hecho de que Rusia siga ostentando el papel de poder más influyente en la región. En gran medida esto lo determina la autoridad personal de Vladímir Putin. Al mismo tiempo, en Asia Central prevalece el factor de la superioridad de Moscú", declaró a Sputnik el analista kazajo Daniyar Kosnazárov.

La cooperación entre Rusia y los países de Asia Central en el marco de la Unión Euroasiática apenas conviene al Departamento de Estado, pero EEUU no tiene ni una alternativa a la OTSC y la UEE.

China gana la partida

En el gran juego del siglo XXI también participa China, que comparte frontera con tres países centroasiáticos de la Unión Euroasiática: Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. La influencia china en la región viene creciendo desde hace años y cualquier intento de prescindir de Rusia y del gigante asiático por parte de Estados Unidos será en vano.

"El potencial económico y de recursos de China en Asia Central es mayor que el de EEUU, y es imposible detenerlo. Otros jugadores tendrán que respetar los intereses de Pekín o, en caso contrario, deberán retirarse", prosiguió Kosnazárov.

El Departamento de Estado trata de contrarrestar la expansión económica y comercial de China en Asia Central. Washington tiene planes de detener la realización del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, también conocida como Iniciativa de la Franja y la Ruta, enfatizó Andréi Kazántsev.

"En cuanto a los asuntos que pueden promover los altos cargos del Departamento de Estado, estos tienen que ver con la confrontación creciente entre China y EEUU. A Washington no le conviene que Asia Central coopere con Pekín, incluyendo en el proyecto de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Preferirían impedirlo", añadió.

Es verdad que a EEUU le quita el sueño el entusiasmo del presidente chino, Xi Jinping, en la promoción de su enorme proyecto logístico de la Nueva Ruta de la Seda. Y es posible que los estadounidenses quieran ofrecer a las cinco repúblicas centroasiáticas una alternativa. La pregunta es si la van a aceptar.

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