Carlos Santa María

La pandemia del coronavirus ha tenido un efecto socioeconómico disruptivo, y ha cerrado colegios y universidades en la mayoría de los países del mundo.

Para la gran mayoría de los siete mil ochocientos millones de habitantes que tiene el mundo denominado tierra, la aparición pública del COVID-19 ha sido considerada como imprevista, fortuita, la más grande catástrofe de la civilización, un virus peligroso que se extenderá hasta matar a 80 millones de habitantes, por cuya razón los gobiernos se han visto ‘obligados’ a cuidar la salud de sus nacionales a través de medidas de acuartelamiento y concentración que protejan primeramente a los “abuelitos”. Según este principio cada ser humano es un peligro para si mismo y su comunidad por lo cual debe ser controlado a cualquier costo, incluida su libertad.

Sin embargo, si la Corporatocracia, entendida como el grupo privado y gobiernos más influyente en la arena internacional y vinculado al dominio del mundo por cerca de dos siglos, ha decidido poner todos sus recursos para decretar y exagerar la denominada pandemia, debe tener algún sentido puesto que ellos no lo harían si no fuese una herramienta para sus propios intereses. De ningún modo se puede creer que estarían preocupados por la vida de la humanidad si nunca lo han hecho y no habrá motivo para ello mientras sus intereses sean contradictorios con la existencia de un planeta sano integralmente, incluyendo sus ocupantes.

Por ello, pese a que el análisis de dicha visión no ha sido profundizada, puede descubrirse sólidamente como interpretan sus intereses y el manejo de la pandemia.

Primero, siempre tuvieron claro que la nueva guerra híbrida será empleando todo tipo de armas que puedan aportar para la destrucción del competidor, en este caso, la gobernanza multilateral que hoy día implica Rusia, China, Irán, Venezuela, Siria, Corea del Norte, entre muchas otras naciones que comienzan a alinearse contra el Nuevo Orden Mundial Unilateral.

Para dicha acción, un virus sería un “enemigo desconocido” que podría derrotar a quienes desafían el poder casi omnímodo que poseen y también una extraordinaria medida para utilizar a su favor, independiente de las víctimas...como siempre ha sido su visión determinista.

Segundo, para evaluar los efectos y medidas que pudiesen ocurrir si un fenómeno de este tipo se presentara, se hicieron todas las pruebas necesarias a través de experimentación científica en el campo del geopoder (que incluye guerra biológica) y, especialmente, utilizando los MMdeD (Medios masivos de desinformación), imbricado a la industria de las mentiras. El cine en casa culpando a los chinos de asesinar a espías indios, el perfil feo de iraníes, rusos, venezolanos, sirios, todos ellos ligados al terrorismo, se vendió ampliamente. El simulacro de pandemia sobre corona virus realizada por Bill Gates en octubre 2019, confirmó la validez de la estrategia.

De allí que al unísono, los más de doce mil instrumentos radiales, televisivos, de prensa y redes organizados por Reuters, Associated Press y France Press, declararon a comienzos de año un peligro que destruiría la humanidad si no se contenía: el coronavirus, la COVID-19, misterioso engendro oriental similar a las pestes imparables, es decir, todo lo que se planteara para su control sería bienvenido en una zona de pánico mundial.

Tercero, una vez que el mundo comenzó a sentir temor indescriptible, acrecentado por los MMdeD, se lanzaron las medidas ya establecidas de antemano soportadas en numerosos ‘estudios’ y personalidades del campo médico según las cuales cualuier gobierno que no se preocupase de este demonio sería responsable de los millones de víctimas. Así, bajo la coacción de los presuntos expertos y con el espaldarazo de la OMS (Organización Mundial de la Salud), entidad de carácter privado financiada preferentemente por laboratorios industriales farmacéuticos y cuya misión jamás ha sido proponer el sistema público a ningún país como real solución a la problemática de la enfermedad, se logró decretar la pandemia.

La obra de George Orwell, 1984, donde se maneja a los ciudadanos a través del pavor, con espías del pensamiento subversivo (chuzadas telefónicas),  telepantallas, fuerte propaganda del partido único Ingsoc ( ‘nosotros cuidamos de ti’), enclaustrados y con avisos en todos lados, fue considerada la mejor solución y se adoptó inmediatamente sin debate internacional.  La normativa nazi del campo de concentración enriquecida por las experiencias palestinas del sionismo, junto al Panóptico de Jeremy Bentham como estructura carcelaria, cuyo objetivo es observar todos los movimientos del prisionero que está recluido en su celda-casa (toque de queda), quien al no saber si los observan o no vive en paranoia permanente, parecen ser elementos bases para ‘cuidar la salud de los abuelitos’ y los niños.

Cuarto, lo previsto resultó. Las inmensas ganancias económicas y políticas en este periodo de las empresas farmacéuticas, de la bolsa, de los MMdeD, la industria armamentística, el aumento de las riquezas de billonarios y la banca transnacional, el control de las protestas, la detente a elecciones transformadoras, el miedo como factor de control mental y físico, se hicieron imparables, auspiciadas por la corrupción.

Desde esta concepción del destino manifiesto de las élites occidentales donde los ‘milagros’ ocurren, la muerte de miles es ‘colateral y necesario’. Además, todos los recursos supuestamente gastados serán ejecutados por los estados para beneficiar a la empresa privada por lo que, quien se declaró en quiebra o fue afectado, tendrá ‘alivios financieros’ (regalo de capitales) del presupuesto público. Por el contrario, aumentará el endeudamiento del estado debido presuntamente al COVID-19 que implicará deuda externa negociable con la soberanía.

Quinto, pero unido al espanto y el control se desnudó la pobreza en que vivía la mayor parte de los habitantes del mundo capitalista, sin ahorros, con hambre y trabajos mal pagos o desempleo disfrazado, presuntamente bajo el cuidado de sus gobernantes buenos. La represión con la ‘policía del pensamiento’ fue brutal y EE.UU. no pudo ocultar su origen cruel siendo impedido de hablar a nombre del “Mundo Libre”.

En esta etapa actual son muchos los pensadores críticos de la salud y el poder que han demostrado el negocio hospitalario de la pandemia (el pago por cama UCI, por ejemplo), las medidas anticonstitucionales al impedir la libertad basado en un supuesto cuidado y ha sido un detonante comprobarse el falso grado de letalidad del Covid-19, pues es inferior prácticamente a todas las enfermedades graves que han sido masivas. En Ginebra, sede de la OMS, cuya entidad instauró la pandemia, no existen prohibiciones ni mascarillas para impedir disfrutar el verano. Suecia demostró que la muerte de 4500 personas en seis meses equivale a un porcentaje menor al O,9% de mortalidad.

Y las naciones soberanas con un alto grado de solidaridad al aplicar las medidas transitorias previniendo el contagio y con medidas de bioseguridad de sus nacionales respetadas plenamente, demostraron al mundo su conocimiento y conciencia, revirtiendo la tendencia.

Las conclusiones son férreas: los gobiernos si desean cuidar realmente la salud de sus pueblos deben realizar una transformación del sistema de salud incentivando un presupuesto que haga de lo público la excelencia. No hacerlo indica su falsedad.

De igual modo, la creencia que la pandemia permitiría a los gobiernos autoritarios de la Corporatocracia seguir invadiendo naciones al estar concentrado el planeta en el pánico, se derrumbó, ya que se han visto obligados a retroceder y aumentar la vergüenza al ser humillados por los barcos gasolineros de Irán en Venezuela pese a las constantes amenazas de atacarlos, lo que no pudieron hacer debido a su debilidad frente a autoridades dignas y valientes.

La élite mundial aprovechó la pandemia económicamente para construir un ejército de reserva trabajador, aunque no entendió la respuesta consciente que se avecina. Es que siempre que los déspotas intenten realizar su camino incorrecto, los tiempos aseguran que la Equicracia parece acercarse rápidamente pese a sus designios.

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