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La realidad del Régimen surgido a la muerte del general Franco queda al descubierto como un entramado dictatorial con una cáscara aparentemente democrática. Un vicepresidente del Gobierno, de izquierdas, con una carrera política intensa y larga, ha dejado en evidencia la podredumbre del Régimen, al declarar como se presionó al Tribunal Constitucional para que prevaricara y someterse a los dictados de la casta política, cómo la prensa se ha callado todos estos años, cómo el Poder Judicial ha sido cómplice, como los políticos manosean la Justicia, como se ha engañado una y otra vez a este pueblo… Y nos tememos que esto solo es la punta de iceberg. ¿Cuántas sentencias más de TC han sido igualmente falladas de la misma forma? ¿Y si eso ha ocurrido en el TC, por qué no vamos a pensar que ha ocurrido de forma similar en la Audiencia Nacional o el Tribunal Supremo? ¿Qué democracia es ésta? No, no es una democracia, es una sucia dictadura, podrida, corrupta, cobarde y que solo produce asco en aquellos que se atreven a mirar de frente la siniestra realidad de la España “democrática”.

La Ley de Violencia de Género (LIVG), instaurada por el PSOE en 2004, sigue siendo un motivo de polémica 15 años después, pues quebrantó el derecho constitucional a la igualdad ante la ley.

Una ley de la que no se puede discrepar so pena de ser linchado

Ya señalé aquí los artículos de esa ley que establecen penas distintas en función del sexo del agresor, violando el Artículo 14 de la Constitución. Hace unos días ya comenté también la perversión del propio concepto «violencia de género» y su finalidad política. Hoy en día en el Congreso de los Diputados, el único partido que se atreve a cuestionar esta ley es Vox. Por ello, sus dirigentes están recibiendo toda clase de insultos y el partido está sufriendo una campaña de desprestigio política y mediática sin precedentes. Mientras algunos lanzan basura a diario contra la Constitución sin que pase nada, es una paradoja que haya una polémica ley de rango menor a la que no se puede criticar, so pena de padecer un linchamiento mediático, reprobaciones políticas e incluso el acoso de grupos izquierdistas. ¿Cómo se explica algo así en una democracia?

Pues bien: en medio de este debate, se han viralizado unas declaraciones hechas por el socialista Alfonso Guerra, exvicepresidente del Gobierno con Felipe González, en un encuentro en las oficinas de la firma internacional de abogados Ashurst el 19 de noviembre. Europa Press dio noticia de ese encuentro el mismo día, publicando un vídeo en Youtube en el que la agencia se fijaba en el desacuerdo de Guerra con la sentencia del caso ERE. Lo más llamativo es que en ese vídeo, el exvicepresidente daba un bombazo informativo del que nadie se hizo eco hasta ahora. Ni un solo medio lo publicó. Ni siquiera Europa Press dejó constancia de ello en sus noticias. Sólo se ha conocido hoy a través de las redes sociales y de algunos foros de Internet.

Sin ningún rodeo, Guerra aborda la cuestión de la Ley de Violencia de Género: reconoce que esa ley era claramente «inconstiticional» y, además, revela que el Tribunal Constitucional recibió fuertes presiones para aprobarla cuando un Juzgado de Murcia presentó una cuestión de inconstitucionalidad contra ella, como señalé aquí. Aquí la declaración de Guerra:

Una ley injusta de la que fue cómplice todo el Parlamento

Estas declaraciones son de una gravedad extraordinaria, pues dejan en evidencia algo que ya era público y notorio: la sumisión del Tribunal Constitucional a los dictados políticos de los grandes partidos. Por otra parte, estas declaraciones dejan también en evidencia al Partido Popular, que apoyó en su momento esa ley y hoy sigue negándose a cuestionarla. Hay que recordar que a pesar de su más que criticable contenido, esa ley fue aprobada en el Congreso por unanimidad. Ningún diputado tuvo el valor y la dignidad de votar en contra de una ley que violaba el Artículo 14 de la Constitución. Como ha recordado hoy @jasr_murcia en Twitter, 30 diputados se ausentaron del Congreso en el momento de la votación, incluidos tres del PSOE (entre ellos Alfonso Guerra), 17 del PP y varios de otros grupos. Esto demuestra hasta qué punto una democracia puede corromperse y aprobar leyes claramente injustas, incluso de forma unánime. Lamentablemente, parece que no hemos aprendido nada de la historia.

Bochornoso, indignante, repugnante… Asco, solo dan asco…

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