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Los científicos no dan por perdidos todos los ecosistemas, puesto que solo la mitad de la superficie de la Tierra ha sido sustancialmente alterada por la actividad humana y el resto aún se encuentra relativamente intacta.

De hecho, investigadores de la Sociedad Nacional Geográfica de EE.UU. y varias universidades consideran que 'el vaso está medio lleno', como indican las estimaciones que publicaron a principios de junio en la revista Global Change Biology.

Esos especialistas se fundamentan en la comparación de cuatro mapas mundiales recientes que representan de forma diferente la conversión del terreno natural a antropogénico con prácticas como el cultivo, la minería y la urbanización.

Gran parte de las regiones del planeta donde la influencia humana es baja o muy baja son lugares fríos —como los bosques boreales, las praderas montañosas y la tundra— o áridos, como los desiertos: tres de los cuatro mapeos coinciden en que al menos en el 46 % de la tierra no cubierta permanente de hielo o nieve la repercusión del hombre es escasa.

Respecto a los bosques boreales, los desiertos, los bosques templados de especies coníferas y la tundra, la mayoría de los conjuntos de datos coinciden que en esos cuatro biomas al menos la mitad de sus áreas tiene una influencia humana muy baja, mientras que menos del 1 % de los pastizales templados y los bosques tropicales se encuentran en la misma condición.

Por este motivo, los autores del estudio sugieren que conservar las últimas áreas intactas debería ser "una alta prioridad antes de que se pierdan por completo" y uno de ellos, Andrew Jacobson, señaló que detener el comercio y la venta de vida salvaje o minimizar la intrusión humana en áreas silvestres no solo prevendría el desgaste de los ecosistemas, sino que reduciría el riesgo de contagiarse con enfermedades que se transmiten de animales a personas, como el covid-19.

Asimismo, Jacobson aseguró que la planificación regional y nacional del uso de tierras contribuiría a mejorar el control de la propagación del desarrollo humano y estima beneficioso establecer protecciones para otros paisajes, sobre todo los que no tienen un gran impacto humano.

El autor principal del trabajo, Jason Riggio, concluye que será imprescindible lograr un equilibrio "si esperamos alcanzar objetivos ambiciosos de conservación" y destaca que el estudio que presentó su grupo es optimista porque "muestra que estos objetivos aún se pueden alcanzar".

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