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Varias empresas han confirmado al portal Public Information que dejarán de contribuir económicamente con los miembros republicanos del Congreso de EE.UU. que alentaron a los partidarios de Donald Trump a protestar por la certificación del voto del Colegio Electoral a favor de Joe Biden, durante el violento asalto al Capitolio el pasado 6 de enero, que se cobró la vida de cinco personas. Las empresas en cuestión son la cadena de hoteles de lujo Marriott, la aseguradora médica Blue Cross Blue Shield y el grupo bancario Commerce Bancshares.

Marriott indicó al medio que dejará de donar a los 147 republicanos que votaron en contra de la certificación de la victoria de Biden después de "tomar en consideración los eventos destructivos en el Capitolio para socavar unas elecciones legítimas y justas".

El presidente y director ejecutivo de Blue Cross Blue Shield Association, Kim Keck, también dijo al medio que suspenderá todo apoyo a los 147 republicanos que votaron "para subvertir los resultados de las elecciones de noviembre al desafiar los resultados del Colegio Electoral". Más tarde, la empresa emitió un comunicado en el que confirmó su decisión de dejar de apoyar a "algunos miembros del Congreso" que votaron "para socavar nuestra democracia".

Por su parte, el 'holding' bancario Commerce Bancshares señaló al portal que suspendió "todo apoyo a los funcionarios que han impedido la transferencia pacífica del poder", tachando los violentos eventos del 6 de enero de "aborrecibles, antidemocráticos y totalmente contrarios al apoyo a la buena voluntad para los estadounidenses y las empresas".

Los comentarios de estas tres empresas se hicieron en el marco de una encuesta a las 144 compañías estadounidenses que en el 2020 habían donado a los legisladores que objetaron los resultados electorales. La mayoría de las firmas encuestadas por el medio, 127, no ofrecieron comentarios.

Abren al menos 25 casos de “terrorismo doméstico” tras el asalto al Capitolio de EE.UU.

Al menos 25 casos de terrorismo doméstico han sido abiertos en relación con el asalto al Capitolio de EE.UU. del pasado miércoles, según anunció el domingo el miembro de la Cámara de Representantes Jason Crow tras conversar telefónicamente con el secretario del Ejército del país, Ryan McCarthy.

Se informa asimismo que en el lugar de los hechos fueron recuperadas "armas largas, cócteles Molotov, artefactos explosivos y bridas", lo que sugiere que "se evitó por poco un desastre mayor".

De acuerdo con Crow, quien es miembro demócrata del Comité de Servicios Armados de la Cámara, McCarthy "indicó que el Departamento de Defensa está al tanto de más posibles amenazas planteadas por posibles terroristas" en la toma de posesión del presidente electo Joe Biden el próximo 20 de enero y en los días previos y "se encuentra trabajando con las fuerzas del orden locales y federales para coordinar los preparativos de seguridad".

Crow también expresó su preocupación a McCarthy sobre los "informes de que miembros militares en servicio activo y de reserva estuvieron involucrados en la insurrección" y solicitó "una investigación acelerada y tribunales militares contra los involucrados".

El legislador demócrata además instó a garantizar que ninguno de los efectivos que se desplieguen el 20 de enero "simpaticen con los terroristas nacionales". McCarthy, por su parte, acordó tomar "medidas adicionales".

Previamente, la alcaldesa del Distrito de Columbia, Muriel Bowser, pidió al Departamento de Seguridad Nacional tomar medidas adicionales para garantizar la seguridad en Washington antes de la toma de posesión de Biden.

Por otra parte, el Departamento de Justicia comunicó que otros dos hombres fueron arrestados en relación con el asalto al Capitolio. Larry Rendell Brock y Eric Gavelek Munchel están acusados de entrada violenta y conducta desordenada en las instalaciones de la sede del Congreso.

Análisis: Capitolio: ¿insurrección o dosis de su propia medicina?

Carlos Santa María

En EE.UU., mucha gente está dispuesta para expresar sus frustraciones políticas contra un sistema neoliberal arraigado, con los valores del racismo y xenofobia.

Definitivamente el manejo parcializado de los Medios de Desinformación de Masas sigue cumpliendo las tres funciones que las Agencias de Inteligencia estadounidenses les han enseñado para sostener el régimen: mentir, desviar-ocultar, culpar al presunto enemigo. El hecho que Joe Biden haya atizado la irrupción en el Capitolio manifestando públicamente que: “Esto no es una protesta, es una insurrección, muestra claramente sus limitaciones a una autocrítica sana, honesta y verdadera frente a la realidad crítica que padece su nación.

El exceso de imágenes mostrando violencia ha sido producto de la contradicción entre el interés financiero de las empresas de comunicación y el objetivo no pensado, las que no han dimensionado que el caos simplemente ha posibilitado cuestionar la presunta democracia existente y, a su vez, mostrar la hipocresía occidental al decir que el ‘país baluarte de la libertad’ ha sido violado en su alma, evitando recordar lo hecho.

No se puede olvidar que EE.UU. logró eliminar en los 90 a su presunto hostil adversario soviético a través de la creación del grupo terrorista Al Qaeda en Afganistán, la caída del Muro de Berlín, la disolución de la URSS, entre otras, siendo obligado por la Corporatocracia a crear un nuevo enemigo y una visión diferente: ser el defensor de la paz global, policía humanitario y desarrollador del progreso.

El resultado fue la destrucción de Yugoeslavia, líder del Movimiento de países no alineados, la ocupación a sangre y fuego de Irak, la guerra obligada entre Irán e Irak, la creación del Estado Islámico degollador (Daesh), una ocupación macabra de Siria, el apoyo a todas las tiranías latinoamericanas y continentales, los bloqueos inmisericordes hasta el día de hoy, la confrontación y aumento de armas no convencionales declarando objetivos militares a Rusia y China, entre otras acciones genocidas, lo que causo millones de muertes de civiles niños, mujeres, ancianos, además de incalculable pobreza y desolación.

A partir de allí, es posible comprender la irrupción de una masa descontrolada en el Capitolio USA, sin profundizar lo que implica un régimen donde la represión y el control social es inmenso, atribuyéndolo más que a un mandatario esquizofrénico a la política neoliberal autoritaria existente en dicha sociedad.

Cabe aclarar, entonces, que una insurrección es un movimiento organizado con fuerte poder civil y militar que intenta cambiar un sistema y su gobierno a través de una planificada movilización que va de lo local a lo nacional. Posee líderes reconocidos con experiencia política y armada para coordinar acciones desestabilizadoras fuertes. También puede ser alentada desde el exterior aportando financiación, armas, sicarios, bloqueos, como es lo que sucede en Yemen, Siria, Venezuela, y otros países soberanos.

Si el término insurrección se refiere a una sublevación o alzamiento generalizado, no ocurre con la mayoría de ese pueblo. Si es desarrollada por una organización reservada, clandestina o pública que no ha podido ser controlada, eso es imposible en un estado policial como lo es USA; si una colectividad decide rebelarse contra las autoridades o el orden establecido con un programa claro que puede conducir a una revolución, es decir, el cambio de estructuras, aquí no ocurrió. Ver a Batman y semi vikingos en el Congreso no indica un peligro.

En realidad fue una revuelta de una masa anómala, convocada por redes, sin carácter secreto o clandestino, cuyo objetivo fue protestar violentamente en contra de la elección de Joe Biden como presidente de EE.UU., y de ningún modo subvertir el régimen estadounidense. Por el contrario, mucha gente blanca empobrecida está aferrada a un sistema neoliberal arraigado y a los valores del racismo, xenofobia, agresión a otras naciones (muy similar a los ‘demócratas’), dispuestos a agredir para expresar sus frustraciones políticas.

Lo fundamental es que se ha desviado el centro de la disputa y se oculta la esencia de tal modo que los congresistas acusan a Donald Trump de haber alentado esta invasión por la fuerza de la sede de la Cámara de Representantes de Estados Unidos (lo que es cierto). Sin embargo, no han hecho ninguna reflexión respecto al modelo eleccionario arcaico sujeto a múltiples manipulaciones, interpretaciones y de carácter indirecto como hace muchas décadas atrás, una de las causales de la antidemocracia.

Lo ocurrido fue un estallido motivado por una causa específica sin un plan de acción concreto a mediano o largo plazo, ya que si es considerada rebelión sería desde que iniciaron todas las protestas reprimidas a sangre y fuego contra el asesinato de afroamericanos por ejemplo, las que nunca pidieron el levantamiento, sublevación o rebelión del pueblo.

El análisis sobre este hecho es localista y corto puesto que la reflexión es que si se gime tanto y la llaman insurrección ¿por qué no piensan en el genocidio, masacres, golpes de estado, saqueo, etc., que han provocado durante décadas en el mundo? Es quejarse de tan poco proporcionalmente cuando se comete crímenes de lesa humanidad y sicariato internacional. Extrañamente (hipócritamente) cuando ocurrió en Hong Kong, USA alentó a los agresores como paladines de la democracia.

Es imprescindible develar la presunta democracia puesto que durante un siglo y medias las élites estadounidenses se han repartido el poder, sin dejar que corrientes alternativas prosperen y con una represión brutal a todo aquel que intente una visión progresista. Eso es autocracia disfrazada. No se puede mentir más porque esa es la verdad de un imperio que ha aterrorizado al planeta con sus acciones.

Finalmente, nadie puede dudar que la ley de compensación ha funcionado castigando a un individuo prepotente, desidioso, arrogante, autor intelectual de crímenes de lesa humanidad, explotador e inestable siquiátricamente como lo es Trump, lo que requiere estudiar el tipo de mandatario cada vez menos formado que llega a la Casa Oscura, llamada así por numerosos analistas al ser un centro de confabulación para el deterioro del progreso mundial.

El dicho es claro: ‘quien a hierro mata, a hierro muere’. Por tanto, la medicina mortal aplicada por Washington y sus élites transnacionales a medio planeta parece comenzar a acercarse peligrosamente a su interior y las deserciones se van notando, especialmente ahora que la Unión Europea tiene la oportunidad de liberarse un poco de las garras del águila imperial.

El derrumbe del imperio ya no es una mera fantasía

Alberto López Girondo

El ataque al Capitolio queda como un símbolo: las tendencias secesionistas, los 70 millones de votos a Trump, los pronósticos de guerra civil entre las dos tribus que se disputan el poder. Al presidente le bloquearon el twitter; los riesgos que ello representa. Se va pero la división interna crece en EE UU.

Mientras gran parte de la dirigencia estadounidense busca la forma de sacarse de encima a Donald Trump, resultan más claras las advertencias que durante décadas venían haciendo los más lúcidos analistas políticos: la principal potencia económica y militar del planeta parece encaminarse hacia su disolución. El drama es que la república imperial que supieron construir las 13 colonias británicas en estos 245 años es demasiado grande como para caer sin dejar un tendal de escombros a su alrededor.

En todo caso, el asalto al Capitolio y estos cuatro años de gobierno trumpista no fueron sino la expresión de una profunda división interna que quedó reflejada en la elección del 3 N. Los 70 millones de ciudadanos que siguieron a Trump son un caudal para nada desdeñable de cara al futuro y representan una cruda señal: hay dos tribus que se disputan el poder y en el futuro cercano no debería tomarse a burla el riesgo de otra guerra civil, con base en las tendencias secesionistas de muchas regiones del país.

El que habló de “tribus enfrentadas” estos días fue Alastair Crooke, exdiplomático británico. Para el creador del think tank Conflict Forum, el problema es que ocho de cada diez votantes republicanos están convencidos de que le robaron la elección a Trump. Y no es que el enfrentamiento vaya a llegar ya a las manos, apuntó, pero “según los agentes inmobiliarios, las mudanzas de vivienda están siendo impulsadas en primer lugar por el 'color' general del vecindario”. Rojos son, en EE UU, los republicanos; azules, los demócratas.

Otro experto en política internacional como el francés Thierry Meyssan, fundador del portal voltairenet, había escrito a mediados de diciembre que “la catástrofe previsible desde hace 30 años hoy se perfila en el horizonte”. Y se explicaba: “Al desaparecer la Unión Soviética, el Imperio estadounidense perdió su enemigo existencial y, también, su razón de existir”. De acuerdo a esta interpretación, el atentado a las Torres Gemelas sería el último gran intento de cohesionar a la nación en torno a un enemigo común aunque difuso, el terrorismo internacional. Las leyes patrióticas de George W. Bush pavimentaron el camino a la pérdida de derechos civiles de la ciudadanía.

El ataque al Congreso se presta a teorías conspirativas de otro calibre que las de QAnon. Por un lado, los “invasores” no tuvieron que sortear la menor resistencia para ingresar al edificio más emblemático de la democracia estadounidense, el lugar donde se reúnen los ciudadanos elegidos para dictar las leyes del país. Pero, a continuación, el presidente electo, Joe Biden, pronunció desde Wilmington, en Delaware, una frase reveladora: “No se atrevan a llamarlos 'manifestantes'. Eran una turba desenfrenada, terroristas domésticos. Así de básico, así de simple”.

A las pocas horas, la red de Twitter primero suspendió por 12 horas la cuenta de Trump y luego anunció un bloqueo definitivo. Es cierto que, hasta el cierre de esta edición, el presidente de Estados Unidos alentó la revuelta de sus seguirodres y no hizo más que arrojar combustible a la protesta. Pero desde ámbitos progresistas alertaron sobre el riesgo para la democracia de ambas coincidencias.

Así, Glenn Greenwlad -que publicó la primera entrevista en la que el exagente de la CIA Edward Snowden revelaba el espionaje cibernético de las agencias de inteligencia de EE UU- recordó que había pasado “la primera década de mi carrera periodística dedicada a exponer y denunciar los excesos de la Primera Guerra contra el Terror, y veo exactamente que se forman las mismas tácticas: si cuestiona o está preocupado por estos nuevos poderes, se le tildará de simpatizante de los terroristas”.

Caitlin Johnstone, escritora, investigadora y poetisa, caló más hondo: “la izquierda es siempre el verdadero objetivo de los impulsos a favor de una mayor censura y vigilancia. No están preocupados por los derechistas, que apoyan la mayor parte de lo que quiere el establishment. Les preocupa la facción que quiere desmantelar el imperio oligárquico”.

“No me van a silenciar”, protestó Trump tras la censura a sus mensajes que para colmo fue hecho por una empresa privada, y prometió salir desde una plataforma propia. Nancy Pelosi, la jefa de la bancada demócrata en la cámara baja, se reunió con los mandamases del Pentágono para pedirles que no hagan ninguna de las locuras que podría ordenar el ocupante de la Casa Blanca. Claro, Trump todavía tiene en su poder el botón para desencadenar un ataque nuclear. Aceleradamente, también, la veterana dirigente junta voluntades para que el vicepresidente Mike Pence aplique la Enmienda 25, que permite destituir al presidente si se lo considera no apto para el cargo.

En vardad, muchos republicanos abandonaron a Trump, pero 147 representantes y ocho senadores rechazaron la victoria de Biden en la legislatura. Su pretensión de quedarse otros cuatro años a la fuerza se licuó, pero aunque sea expulsado de manera humillante, es evidente que expresa a una parte significativa de Estados Unidos como para temer un futuro tenebroso. Tanto como el tormento que desataron por décadas sobre todo el mundo, pero en la propia casa. «

Calexit

Dos días antes del fin de año se cumplieron 175 años de la anexión de Texas a Estados Unidos. Pero no fueron días para el festejo: con una población tradicionalmente inclinada a la derecha más rancia, comenzaron a crecer voces que reclaman la secesión tras la certificación de Joe Biden como futuro ocupante de la Casa Blanca.

Texas, un desprendimiento separatista de México, en 1836 disfrutó de un período de independencia hasta que en 1845 arregló el ingreso a la Unión, pero guarda la potestad de recuperar su soberanía en cualquier momento.

Ted Cruz, el aguerrido senador republicano, fue uno de los que encabezó la operación contra la certificación del triunfo de Biden. Randy Weber, otro legislador, incluyó en su página Facebook un meme a favor de la secesión. Kyle Biedermann se sumó con un proyecto de plebiscito independentista. Por su PBI, una República de Texas sería la décima mayor economía del mundo, mayor que Canadá, Corea del Sur, Turquía, Holanda y Arabia Saudita.

Los aires secesionistas alumbraron en California en 2016 tras el triunfo de Trump y se comenzó a hablar de Calexit, tomando la idea del Brexit británico. Históricamente liberal y progresista -es otro de los territorios tomados de México, aunque evidentemente de diferente cuño-, contiene a las más importantes empresas tecnológicas del mundo, además de contar con una agroindustria de relieve.

Si es por su producto bruto interior, California sería la quinta potencia del mundo, por detrás del total de EE UU, China, Japón y Alemania. Ya superó al Reino Unido y duplica a la economía España. El argumento para declararse independientes, y que suele expresarse en la página , es que los californianos aportan anualmente 103 mil millones de dólares más de lo que reciben del Estado central.

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