BUENOS AIRES (Sputnik) — El presidente de Argentina, Mauricio Macri, reconoció haber impuesto una gran exigencia económica a la población y prometió mejorar la situación con una serie de medidas.

"Haciendo una autocrítica, soy consciente de que el día a día fue una exigencia agotadora para muchos, y desde mi lugar voy a hacer lo imposible para facilitarle las cosas", dijo el mandatario en un mensaje desde la Quinta de Olivos [residencia presidencial], y también señaló: "Les exigí mucho, lo que les pedí fue muy difícil, fue como trepar el [monte] Aconcagua, y hoy están agotados, cansados, enojados, llegar a fin de mes se transformó en una tarea imposible".

El mandatario admitió que cuando asumió el Gobierno en 2015 pensó que sería "más fácil", pero señaló que "el punto de partida era como estar en el décimo subsuelo".

"Sé que muchas familias tuvieron que recortar sus gastos y que no saben que más recortar, de qué más privarse", afirmó.

Además, el presidente anunció un paquete de medidas económicas para llevar "alivio a 17 millones de personas".

Las medidas "van a traer alivio a 17 millones de trabajadores y sus familias", afirmó el mandatario.

Macri decidió realizar una modificación del impuesto a las ganancias, para que los trabajadores reciban 2.000 pesos argentinos más por mes, así como pagos extra de 2.000 pesos en septiembre para monotributistas, informales o desocupados.

Asimismo, prometió un bono de 5.000 pesos para empleados de la administración pública, un aumento del salario mínimo (aún no determinado), el congelamiento del precio del combustible por 90 días, un aumento de la beca estudiantil Progresar y un plan de pagos a 10 años para pequeñas y medianas empresas tengan deudas ante la Administración Federal de Ingresos Públicos.

El mandatario hizo este anuncio tres días después de las elecciones primarias del 11 de agosto, en las que la alianza opositora Frente de Todos triunfó con el 47,6% de los votos frente a la fuerza oficialista Juntos por el Cambio, que obtuvo el 32% de los sufragios.

Macri también pidió "disculpas" este 14 de agosto por sus declaraciones en una conferencia de prensa el lunes, en la que responsabilizó al kirchnerismo por las reacciones de los mercados tras los resultados electorales.

El presidente dijo respetar  "profundamente a los argentinos que votaron otras alternativas", y subrayó: "Los entendí".

"Entiendo su enojo, su cansancio, solo les pido que no pongamos en duda el trabajo que hicimos juntos, porque es mucho, y hay demasiado en juego", afirmó.

El 12 de agosto, la Bolsa de Buenos Aires, el Merval, perdió 37,9% de su valor, uno de los peores derrumbes de su historia, si bien el 13 de agosto se recuperaba 9,9%.

El peso argentino se depreció el 12 de agosto 25,5% y el 13 de agosto acumulaba otra caída del 5,5%.

Objetivo de Macri: Hundir Argentina antes de que llegue el peronismo

(Leandro Lutzky) Luego de darse a conocer la holgada victoria de Alberto Fernández en las elecciones primarias de Argentina este domingo, quien se impuso con el 47,65% de los votos, todo cambió. En efecto, los festejos del kirchnerismo duraron poco y las portadas de los diarios del lunes fueron mutando para anunciar una jornada para el olvido, o mejor dicho, inolvidable.

Así, tras la dura derrota del presidente Mauricio Macri por 15 puntos de diferencia, en pocas horas la cotización del dólar saltó desde los 45,20 pesos hasta un promedio de 57,29, superando en algunos momentos la barrera de los 60. Ello significó que la moneda nacional se depreciara un 30% con respecto a la divisa estadounidense, en tan solo unas horas. Este martes a las 3:00 de la tarde (hora local), el Banco Nación cotizaba cada dólar a 55,5, en promedio. En ese país sudamericano, cuando se eleva la valorización del billete verde suelen subir los precios para el consumo general, situación que se traduce en inflación, afectando sobre todo a los sectores más humildes.

"Tipo 22:15, 22:30 (hora local), cuando los banqueros vieron una diferencia irremontable de 15 puntos entre Fernández y Macri, empezaron a vender dólares por internet con precios más altos".Fabián Medina, economista y docente en la Universidad de Buenos Aires.

Además, las acciones de las firmas argentinas que cotizan en bolsa se derrumbaron. Así, tanto a nivel local como en Wall Street, algunas de las grandes compañías cayeron hasta un 60%. En sintonía, el riesgo país medido por JP Morgan —una cifra que indica las posibilidades de una nación para afrontar sus compromisos financieros— se disparó desde 900 hasta los 1.653 puntos, complicando las condiciones de Argentina a la hora de pedir créditos u otro tipo de "ayuda" económica. Todo mal.

Entre tanto, mientras estallaba la histeria generalizada, Macri le echaba la culpa públicamente al Gobierno anterior por la respuesta de los mercados ante el reciente resultado electoral: "Hay un problema grave entre el kirchnerismo y el mundo. No les confían en lo que quieren hacer otra vez. Que se hagan cargo", esgrimió. En otras palabras, la responsabilidad la tendrían los dirigentes que todavía no asumieron el control del Ejecutivo, junto a la voluntad popular, que ya se expresó en las urnas y rechazó a la actual Administración de forma contundente.

Un maniobra especulativa

En paralelo a las explicaciones gubernamentales, consultamos a tres expertos en economía y todos coinciden: no hubo fenómenos en el mercado de cambio antes de las elecciones, ni tampoco movimientos abruptos en las cuentas locales. Se trató, simplemente, de una brutal maniobra especulativa que se desató, casualmente, cuando la derrota de Macri se volvía irremontable. El mensaje oficial fue claro: si vuelve la centroizquierda al poder, la economía argentina colapsará.

Fabián Medina, docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), aclara: "Es un problema político, no económico". A su vez, relata cronológicamente los hechos: "Esto empezó cuando consultores cercanos al Gobierno les llevaron encuestas de opinión al mundo financiero donde daban a Macri como ganador, o que perdería solo por dos o tres puntos". Acto seguido, "el viernes los banqueros vendieron 150 millones de dólares en el mercado mayorista, que es el que determina el precio, para cumplir con el pedido de Hacienda de sostener un valor máximo de 47 pesos por dólar".

Luego de que la banca privada vendiera ese capital al sector importador, los resultados electorales que se daban a conocer en la noche del domingo fueron otros: "Tipo 22:15, 22:30, cuando vieron una diferencia irremontable de 15 puntos entre Fernández y Macri, los bancos empezaron a vender el dólar por internet a 49 pesos".

Según detalla el economista, esto generó un efecto dominó: "Las bolsas asiáticas se hicieron eco de esta devaluación impulsada por bancos privados argentinos y eso causó una caída en las acciones de empresas que cotizan en bolsas internacionales, y después se empezó a caer la bolsa local en un 60%". Luego, el lunes, los argentinos comenzaban el día con una devaluación abismal, que notarán cuando vayan a hacer las compras con aumentos en los próximos días. Al respecto, Medina concluye que la actitud de la banca local fue por "resquemor e irritabilidad con la gestión anterior".

"El Gobierno lo pudo haber evitado"

Para el director del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz, Andrés Asiain, el Ejecutivo es responsable de esta abrupta depreciación por acción u omisión. En su opinión, con una leve intervención del Banco Central se podía haber frenado la escalada en la cotización del dólar, porque "el lunes por la mañana el volumen de operaciones del sistema cambiario era muy bajo". Por ello, "con tan solo 50 millones de dólares el Gobierno podía sostener la cotización en valores cercanos a los 40 pesos".

Una forma de que el Estado intervenga para fijar un precio de la divisa extranjera es vendiendo dólares en el mercado mayorista, como sucedió la semana pasada, y muchas otras veces. Esto se explica porque, en parte, la demanda de la divisa estadounidense determina su cotización. Para entenderlo mejor, compara: "Los días que hay presiones devaluatorias grandes en Argentina, la demanda es de más de mil millones de dólares".

"Fue una política del Gobierno dejar subir el valor del dólar, y esto se puede leer como un mensaje contra la población, un castigo del 'dios mercado' contra el voto populista".Andrés Asiain, director del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz.

Asimismo, señala que en los últimos meses la demanda fue satisfactoria, y aclara: "Lo del lunes no se diferenció de otros días, incluso fue un volumen menor que en jornadas previas". En esa línea, Asiain considera: "No fue un fenómeno cambiario, fue una política del oficialismo dejar subir el valor del dólar. Hubo una decisión de convalidar ese precio creado por operaciones secundarias".

Para concluir, repasa tres posibles causas de esta situación, que no son excluyentes. La primera de ellas es que el Fondo Monetario Internacional (FMI) pudo haber ordenado la no intervención del Banco Central, y que el precio del dólar se fijara por otros mecanismos, como la suba de tasas de interés —ayer se anunció en el 74% anual— o la subasta de dólares.

"Otra posibilidad es que el Gobierno, para llegar a diciembre, haya preferido una fuerte devaluación de entrada para luego intentar sostener una cotización", reflexiona. Y por último, otra alternativa es la de "dar un mensaje político a la población, amenazando con que si continúan votando al kirchnerismo, la economía y el dólar se van por las nubes". A este punto, Asiain le llama "el castigo del 'dios mercado' contra el voto populista". De una u otra forma, el Gobierno no evitó la depreciación del peso argentino, complicando a la población.

"El efecto lo vamos a sentir en las próximas semanas"

"El Gobierno decidió no intervenir a tiempo, y esto sí o sí se traduce en inflación", confirma Ernesto Mattos, miembro del Programa de Investigación de la Producción y Comercio de Granos. Además, el economista subraya que "el efecto se va a sentir en las semanas que siguen". En su criterio, la reciente inacción funciona como "un disciplinamiento social para amplios sectores que quedan indefensos ante una devaluación".

Dicho de otra forma, "se trata de una baja de salarios", porque disminuye la capacidad de consumo. Asimismo, destaca que "el próximo Gobierno recibirá una bomba, porque si hay una economía real que no crece desde mayo del 2018, no se puede producir ni generar las exportaciones para ganar dólares".

Y concluye: "Si Argentina se declara en 'default' por no poder pagar sus deudas, los 'fondos buitre' realizarán demandas millonarias al país para poder cobrar. El 75% delpatrimoniode Macri está compuesto por títulos y bonos, algunos de los cuales son de deuda argentina".

Resta por ver cómo reaccionan "los mercados" a las elecciones presidenciales del 27 de octubre, donde Alberto Fernández se perfila como el gran favorito.

Macri, de nuevo en la cuerda floja

Francisco Herranz

Las elecciones primarias le salieron por la culata al actual inquilino de la Casa Rosada. El candidato a la reelección presidencial argentina, Mauricio Macri, sufrió una aparatosa derrota que evidencia el desgaste de su gestión y la impopularidad de su proyecto.

Macri, que encabeza una coalición social-liberal, perdió por 15 puntos de diferenciafrente a su principal pretendiente, el neoperonista Alberto Fernández, elegido por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner para encabezar el binomio electoral, en la que ella se reservó el puesto de la vicepresidencia.

El sorprendente resultado de las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (PASO) supone un jarro de agua bien fría para Macri y pone muy difícil su victoria en los comicios presidenciales que se celebrarán el próximo 27 de octubre.

Las cifras obtenidas tanto por Macri como por Fernández son también muy ilustrativas porque muestran cuán lejos o cerca puede quedar cada uno de ellos del 45% de los votos. Ese ansiado porcentaje sería suficiente para evitar la segunda vuelta o balotaje que está fijada para el 24 de noviembre. También ganaría quien alcanzara el 40% de los sufragios con, al menos, 10 puntos porcentuales de diferencia con respecto al segundo pretendiente.

Fernández se llevó el 47% contra el 32% de Macri. El termómetro, pues, no deja lugar a dudas: el oficialismo está en claro retroceso y ha encajado un tremendo varapalo ante el peronismo. Macri tiene algo más de dos meses para recuperar terreno y forzar el balotaje. Ya lo hizo en 2015, cuando perdió las PASO con el entonces candidato peronista, Daniel Scioli, por 38% a 30%. Luego, en octubre de aquel año, se colocó solo a tres puntos porcentuales de diferencia en la primera vuelta para terminar ganando las elecciones, en la segunda ronda, por un estrecho margen (51%-49%).

Esta vez, sin embargo, la remontada se antoja muy complicada, casi imposible. El hueco que debe salvar es mucho mayor. Y, además, Macri parte ahora con la mochila de su administración a las espaldas. Una mochila muy pesada. Las circunstancias son diametralmente opuestas.

La estrategia contrarreloj de Macri pasa por ganarse el voto de otros candidatos distintos a Fernández pero algo cercanos, por ejemplo, el exministro de Economía Roberto Lavagna o el ultraliberal José Luis Espert. La otra opción que jugará el todavía presidente argentino es más factible y se basa en movilizar a todo el electorado oficialista que no salió de casa para acudir a las primarias. La participación de las PASO rondó el 75%, pero en los comicios suele crecer entre cinco y ocho puntos porcentuales.

El terremoto ocurrido ha dejado en estado de shock al Gobierno, empezando por el propio presidente, quien preveía una derrota ajustada, pero no tamaña bofetada.

Alberto Fernández, de 60 años, ha llegado a la competición con un discurso en el que ha denunciado las "mentiras" del Ejecutivo. En su primer discurso, nada más conocer la noticia de su triunfo incontestable en las primarias, lanzó un mensaje de unidad que, en sus palabras, busca terminar con "la venganza" y con "la grieta", un término muy gráfico que suelen emplear los argentinos para referirse a la profunda brecha que separa a los partidarios del kirchnerismo de sus detractores. Esa polarización ha tenido no solo consecuencias políticas sino también económicas pues ha frenado el desarrollo de propuestas que necesitan de consensos, de pactos de Estado.

Fernández fue jefe de gabinete del presidente del país durante cinco años, desde 2005 a 2008; primero de Néstor Kirchner y posteriormente de su esposa, Cristina Fernández de Kirchner. No es, por tanto, un recién llegado al mundo de la política sino que ha estado muy dentro de las cocinas del poder.

La cita con las urnas de octubre se presenta extremadamente emocionante pues anuncia la posibilidad de un nuevo cambio político-ideológico relevante para Argentina y para toda Latinoamérica: el retorno del kirchnerismo o ¿quizás más bien la llegada del postkirchnerismo?

Cristina Fernández de Kirchner, procesada por corrupción en 13 causas y con siete peticiones de prisión preventiva que evita gracias a su condición de senadora, no se sumó a las celebraciones de sus compañeros peronistas y optó por seguir interpretando un papel discreto lejos de los focos de la capital, Buenos Aires. ¿Seguirá haciéndolo tras constatar que han ganado los suyos? ¿Asumirá que es tiempo de olvidar las rencillas del pasado y pasar el testigo por el bien de la nación?

Con una economía claramente debilitada, Alberto Fernández parece dispuesto a devaluar el peso argentino para hacer así más competitivos sus productos nacionales en el proceloso mercado internacional, aunque esa medida monetaria tendrá efectos adversos en el rumbo de la inflación, provocando una subida por encima del actual índice interanual que en junio llegaba al 55,8%.

Despejada, salvo milagro de última hora, la incógnita de quién será el próximo jefe del Estado argentino, solo cabe esperar a ver los efectos que tendrá en la economía el regreso del peronismo. Al encarecimiento del dólar se puede añadir la temible fuga de capitales extranjeros. Macri mencionará, de nuevo, la trascendencia de estas elecciones y apelará, expresamente o no, al miedo al default, es decir, a la cesación de pagos, y al fantasma de una nueva crisis como la vivida en 2001 que destapó el funesto corralito. Esa táctica sería su segundo error de cálculo, lo que le supondría cavar su propia tumba política. Ahora se encuentra, de nuevo, en la cuerda floja, castigado por su falta de autocrítica y la soberbia de su formación y su equipo de colaboradores.

El terremoto ocurrido ha dejado en estado de shock a todo el Gobierno, empezando por el propio presidente, quien preveía una victoria ajustada de Alberto Fernández, pero no tamaña bofetada.

Las primarias deparan otra certera conclusión que ha dejado en ridículo a las empresas de sondeos de opinión y a no pocos comentaristas de prensa: El peronismo sigue muy vivo en Argentina. Para algunos es algo más que un movimiento político o una cultura, es un destino.

Análisis: La derrota de Macri desató el "terrorismo económico" sobre América Latina

Sergio Pintado

La devaluación argentina registrada tras la derrota del oficialismo en las primarias argentinas se extiende hacia el resto de la región. En diálogo con Sputnik, el economista Manuel Martínez dijo que los especuladores aprovechan la debilidad de las monedas regionales para "generar pánico".

Las elecciones primarias en Argentina no solo dejaron al candidato opositor Alberto Fernández al borde de alcanzar la Casa Rosada, sino también una devaluación del 25% de la moneda argentina que puso al dólar en 60 pesos. El fenómeno tuvo repercusiones en otras economías importantes de la región, como la mexicana, la colombiana y la brasileña.

El economista colombiano Manuel Martínez, doctorando en Economía en la Universidad Estatal de Campinas, Brasil, dijo a Sputnik que, en principio, debe comprenderse que el peso argentino "no devaluó únicamente por las elecciones".

En ese sentido, señaló la importancia de algunos "procesos estructurales e internacionales" que inciden en las monedas latinoamericanas, consideradas "periféricas" en el concierto monetario global. "La guerra comercial y ahora monetaria entre EEUUChina y la forma en la que la han intentado resolver, EEUU con aranceles y China con la devaluación del yuan, ha generado una reacción de los mercados globales", apuntó.

La situación afectó especialmente a las monedas de América Latina, "más susceptibles de especulación que las monedas centrales", dado que "los detentores de riqueza utilizan las monedas para generar ganancias a través de especulaciones".

El economista se refiere a lo que se conoce como carry trade o 'bicicleta financiera', un tipo de operación en que los inversores financieros se deshacen de monedas con menor tasa de interés para ir hacia una con interés mayor.

Según el experto, el resultado de las primarias argentinas no hizo más que acelerar un proceso de vulnerabilidad iniciado desde el inicio del Gobierno de Macri.

"Lo que Macri no dice es que su política económica ha sido precisamente llevar a la economía argentina a una presión en la que los procesos de vulnerabilidad e inestabilidad financiera se acrecentan tanto que en un proceso electoral el dólar estalla y se va a los 60 pesos por dólar", apuntó.

La estrategia del "terrorismo económico"

De todos modos, también se destaca una variable política detrás del fenómeno. Al respecto, el especialista identificó "una presión financiera por parte de los detentores de riqueza y los especuladores del carry trade" que buscan "mover sus capitales dependiendo de su afinidad política".

"Los capitales no son apersonales. Tienen unos intereses que se corresponden a ciertos patrones de comportamiento a nivel internacional", añadió. Martínez remarcó, en ese sentido, que los especuladores financieros "pueden determinar procesos de fuerte devaluación" en los países de la región.

"Lo que vemos es una especie de terrorismo económico por parte de los detentores de la riqueza internacional. Han demostrado que su candidato es Macri y que están dispuestos a hacerlo todo para generar un pánico económico para las elecciones de octubre", advirtió.

La depreciación del peso argentino provoca, en primera instancia, un aumento de la inflación en el mercado interno argentino. Pero los efectos no son solo en Argentina: en Colombia, el precio del dólar subió 1,58%; en Chile aumentó 10 pesos, alcanzando los 721 pesos y en México llegó a 19,87 pesos mexicanos, tras una depreciación de 1,46% en la moneda local.

En efecto, el especialista mencionó que la fuerte relación comercial de Argentina con otros países de la región como Brasil o Uruguay.

¿Qué pueden hacer las economías latinoamericanas?

Para Martínez, el mayor problema de las monedas latinoamericanas es que están lejos de la "cúspide de la pirámide monetaria", en cuya cima el economista ubica el dólar estadounidense y por debajo otras monedas centrales como el euro o el yuan.

A diferencia de esas monedas centrales, las monedas 'periféricas' de la región "tienen un problema estructural que es que son totalmente susceptibles a los ciclos de capital internacional". Debido a eso, ante ciclos de expansión o contracción de los capitales, las monedas menos fuertes "no tienen en términos internacionales esa capacidad para controlar el movimiento del tipo de cambio y tasa de interés".

Para Martínez, existen "muchas salidas" para revertir la dependencia de las monedas latinoamericanas del dólar. El problema, sin embargo, es lograr consensuarlas todas entre los diferentes gobiernos de la región.

El economista planteó la necesidad de que las economías latinoamericanas implementen un "control de capitales, tanto de entrada como de salida". La medida implicaría una reforma del sistema financiero que abarque fundamentalmente a los bancos, "los principales especuladores con las monedas en el mundo".

Al mismo tiempo, deberían aplicarse "restricciones en el mercado comercial" que regulen las importaciones y exportaciones.

"Todo esto acompañado de una política industrial de desarrollo y estructuración de los sectores económicos que permita tener una competitividad y productividad lo suficientemente elevada para poder mantener una tasa de cambio competitiva y estable", planteó.

Martínez apuntó que esa estrategia "es la que lo que hizo China en este período y por eso preocupa a los norteamericanos" y reconoció que, de forma independiente, los países latinoamericanos jamás tendrán ese "poder de negociación".

"Por eso es importante pensar en reales procesos de integración latinoamericana en el que se busque una integración en monedas regionales", agregó, aclarando que eso será posible recién después de que "cada país haya resuelto sus problemas", adaptando su institucionalidad a una necesaria nueva integración regional.

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