Hace 80 años los parlamentos de Estonia, Lituania y Letonia proclamaron la creación de las respectivas repúblicas socialistas soviéticas. Hoy en día, interpretan su estancia en la URSS como una ocupación, calificando a Moscú de un auténtico 'actor maligno', pero para muchos contemporáneos la Unión supuso una verdadera salvación de los nazis.

Los expertos en los países bálticos hoy en día tienden a interpretar la adhesión de Estonia, Lituania y Letonia a la URSS en 1940 como un tipo de intervención de las fuerzas soviéticas en los asuntos internos de estos países. Sin embargo, en su mayoría ignoran o no le dan consideración a los acontecimientos que condujeron a que se desarrollase este escenario.

Perciben a la URSS como "una fuerza traicionera" que con "sus botas sucias" entró en los países independientes de Europa. Esta interpretación de la historia de los países del Báltico simplifica enormemente la interpretación de los sucesos pasados a la idea de que "la Unión Soviética era un actor maligno". Es más fácil inculcar tal percepción a las masas, resalta el periodista ruso Artur Bobrov en su artículo para Sputnik.

Sin embargo, esta "píldora para la memoria" tiene un serio efecto secundario, según el autor. Una visión tergiversada de la historia que sirve de base para la educación de toda una generación amenaza con causar problemas en el futuro.

"Cualquier persona que esté realmente interesada en lo que ocurrió en aquella época se topa casi inmediatamente con las manipulaciones modernas y las mentiras descaradas y deja de creer en la interpretación oficial de los acontecimientos", aseveró.

La situación que se vivió en el mundo antes y tras el comienzo de la Segunda Guerra Mundial era muy difícil. Para entender los motivos que empujaron a los líderes a tomar ciertas decisiones hay que tener en cuenta los diferentes procesos que se desarrollaron en el mundo en aquella época.

En 1938 la firma de los Acuerdos de Múnich por parte de los jefes de Gobiernos del Reino Unido, Francia e Italia con la Alemania nazi dejó claro que los pequeños Estados de Europa no tenían ninguna posibilidad de ser neutrales en el posible conflicto. Tarde o temprano tendrían que subordinarse a la voluntad de los países más fuertes y unirse a un bloque político. De esta manera se puede concluir que en aquel entonces arrancó el proceso relacionado con la formación de coaliciones.

Las principales fuerzas de Europa estaban interesadas en prevenir la situación en la que Alemania llegase a atacar su territorio. La URSS también se preocupaba por esta amenaza porque los países bálticos podían haber servido a Hitler de plataforma para lanzar una ofensiva en su contra.

Además, en Estonia, Lituania y Letonia había un número suficiente de políticos simpatizantes con la Alemania nazi y para la Unión Soviética era importante evitar que estos contribuyesen a que los países respectivos entablasen una alianza con Hitler. Por ello, la URSS empezó a reforzar sus fronteras occidentales con los Estados bálticos que representaban un gran interés estratégico para Moscú.

"Reino Unido y Francia no estaban en contra de que los tres países bálticos pasasen bajo el control soviético: en primer lugar Hitler no sería quien los controlase y en segundo cuanto más cerca estuvieran la URSS y la Alemania nazi uno del otro, más posibilidades habría de que se produjese un conflicto de intereses y un enfrentamiento entre estos Estados", recordó el periodista.

Las negociaciones celebradas entre Moscú, Vilna, Tallin y Riga acabaron en 1939 con la URSS consiguiendo acceso a los puertos bálticos y pudiendo desplegar un contingente militar limitado en los territorios pertenecientes a los países bálticos. La derrota y ocupación de Francia por parte de las tropas de Hitler en 1940 aceleró aún más los procesos integracionistas con la URSS.

Además, en parte, su unión con el Estado soviético se debió a una situación complicada que vivieron los ciudadanos de los países bálticos. Su industria construida durante los siglos pasados se quedó sin acceso a los recursos naturales después de la caída del Imperio ruso. La mayor parte de los trabajadores carecía de recursos para existir y se vio obligada a emigrar a otros países. A finales de la década de 1930 la calidad de vida de la mayor parte de la población en Lituania, Letonia y Estonia era inferior a la de la URSS.

"Por ello, cuando en junio de 1940 se organizaron las elecciones parlamentarias bajo la presión de Moscú, los partidos comunistas las ganaron con un amplio margen de votos. Las alegaciones de que los soviéticos hubiesen intervenido y hubiesen obligado a votar a todo el mundo por quien fuese necesario son propias de aquellas personas que prefieren cerrar sus ojos y no pensar", señala Bobrov.

La participación en Estonia fue del 84% y, en Lituania y Letonia, del 95%. Los políticos comunistas ganaron más del 90% de votos en todos los países y entre el 21 y el 22 de julio del 1940 los parlamentos respectivos proclamaron la creación de las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Estonia, Letonia y Lituania, recuerda el periodista.

"De hecho esto sucedió con calma absoluta, sin disturbios ni protestas. Por supuesto había insatisfechos, ya que se produjo una revolución desde abajo. Pero por qué ocurrió y qué causas habían llevado a ella son las cosas que los historiadores de los países bálticos deben estudiar de una manera más detallada. O es posible que las sepan pero no quieran reconocerlas", concluye.