Nazareth Balbás

A las 4:42 de la tarde del 7 de marzo pasado se apagaron las líneas del Metro de Caracas, en la capital venezolana. Los pasajeros salieron caminando de los túneles y, expulsados a la calle, vieron que los semáforos estaban desactivados, que las comunicaciones no funcionaban, que las paradas de autobús empezaban a atestarse. Pensaron que el servicio se repondría en horas. Pero en el centro de control despacho Guayana, a 576 kilómetros al sur del país, donde se controla la generación y distribución del 70 % de la energía que consume la nación, sabían que algo andaba mal: "Ese día yo estaba de guardia, entré un jueves y salí el domingo", cuenta el supervisor de sala César Salazar.

"Aquí se tiene la supervisión y control de 75 u 80 % de la energía que se consume en todo el país", dice César desde las oficinas de Corpoelec en Puerto Ordaz, en el estado Bolívar. Desde su despacho se maneja la red troncal 765 KV, que es como se llama la línea de transmisión más importante del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), que atraviesa todo el territorio.

 

El ingeniero, con casi 20 años de experiencia, recuerda que el sistema había experimentado apagones en los últimos 30 años, pero dice que esta vez "fue completamente distinto". "Mira, hay compañeros que dicen que para ver una caída total del sistema tiene que haber algo extraordinario, y lo hubo".

Mientras tanto, en Caracas, Darwin Briceño, del centro de despacho nacional, recuerda que a las 4:42 de la tarde repentinamente empezaron a sonar todas las alarmas del sistema. "Se fue la luz en el edificio. Traté de llamar, pero empezaron a fallar las comunicaciones y lo que me salvó fue que había llevado mi celular personal: ahí me puse a coordinar".

Lo peor fue cuando pudo comunicarse con el despacho Guayana y le dijeron que se había caído la generación de Guri, Macagua y Caruachi, las principales hidroeléctricas de la nación suramericana. "Ahí supe que nos iba a tocar reponer el sistema eléctrico desde cero".

El día de la falla general, Hernán Conde, profesional de mantenimiento de líneas y transformadores, estaba de guardia en Guri. "Era la primera vez que yo vivía una situación como esta", recuerda él, que tiene 31 años trabajando en la empresa, antigua Edelca y actual Corpoelec. "Yo no sé en qué punto va la investigación de lo que pasó, pero para nosotros fue algo ajenoexterno", dice.

Sin poder compensar

Ese jueves 7 de marzo, el entonces ministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, se pronunció para calificar el evento como un "sabotaje" y aseguró que, tras el "ataque" a la hidroeléctrica del Guri, en pocas horas se restituiría el servicio. El sol se puso y el país seguía a oscuras.

Pasadas las 8:13 de la noche de ese día, por radio y televisión estatal, se oyeron las primeras declaraciones del ministro de Comunicación e Información, Jorge Rodríguez. Desde el Palacio de Miraflores, denunció "el sabotaje perpetrado en contra del sistema de generación y distribución hidroeléctrico del Guri", hecho del que responsabilizó a los sectores que se oponen al gobierno del presidente Nicolás Maduro. A esa hora, solo se había restituido el servicio en parte del oriente del país.

Aunque las autoridades intentaban transmitir tranquilidad a la población, en el centro de despacho Guayana la tensión iba en ascenso. Dalida Liccioni, una ingeniero con 25 años en la empresa y adscrita a la gerencia general de proyectos, cuenta su espanto ante la situación: "Es que siempre sucedía una falla parcial, uno aplicaba el esquema de separación de áreas", dice para explicar el procedimiento en el que se "aísla" la zona afectada del sistema interconectado para reparar cualquier daño, sin que repercuta en toda la red.

En Venezuela, la dependencia del sistema hidroeléctrico ha sido constante, aunque se ha acentuado en los últimos años. En Guri, la cuarta hidroeléctrica más grande del mundo, se encuentran los segundos generadores más potentes de América Latina, después de los que están en la represa binacional de Itaipú, entre Paraguay y Brasil. Sin embargo, la pata coja del sistema es que el parque de generación térmica se encuentra actualmente muy por debajo de su potencial. Por eso, al momento del apagón, no hubo energía para compensar.

"Hay que meterle mucha inversión al térmico para poder librar el sistema y compensar. Temozulia (Zulia), planta Centro (Carabobo) y Tacoa (Vargas), principalmente. Antes dependíamos 75 % de la hidroeléctrica, pero ahora es mucho más", insiste Liccioni.

La capacidad instalada de las hidroeléctricas del Bajo Caroní, en Venezuela, está alrededor de los 15.160 MW (Macagua, 3.000MW; Caruachi, 2.160MW; y Guri, 10.000), pero no toda está activa, así que la necesidad de tener el parque térmico a punto es apremiante. Sin embargo, los técnicos especulan que las medidas coercitivas unilaterales que aplica EE.UU. contra Caracas, así como la crisis económica que padece la nación, pueden demorar indefinidamente esa acción.

La única 'ventaja' de que la falla ocurriera en marzo de este año fue que, debido a la coyuntura que atraviesa el país, buena parte de la industria estaba paralizada y el consumo eléctrico era menor. En su mejor época, Venezuela requería unos 18.000 MW diarios; en la actualidad, la demanda se suple con unos 12.000 MW. Según los datos recientemente divulgados por el Banco Central, la economía del país suramericano se contrajo 47,6% entre 2013 y 2018.

Trabajar a ciegas

Después de la falla del 7 de marzo, el servicio empezó a restituirse al día siguiente, pero el sistema no era del todo confiable. Los técnicos lograron energizar buena parte de las líneas aun sin el 'cerebro' electrónico, y uno de ellos fue Freddy Rodríguez.

Freddy llegó al centro de control el día 8. "Yo planteé que teníamos que restablecer el sistema de manera muy segura, era lento pero necesario para que no se nos volviera a caer. No teníamos en ese momento la supervisión de los sistemas de computación, todo estaba apagado, pero bueno, yo tengo casi 28 años aquí y las otras personas que estaban conmigo también tienen experiencia, así que coordinamos para trabajar sin supervisión. Lo hicimos a ciegas pero con los conocimientos, y así fue que llegamos [a mandar energía] hasta San Gerónimo [estado Guárico, en el centro del país]".

Ante un evento de esta magnitud, el sistema eléctrico debía restituirse desde cero. Por eso, la primera acción que emprendieron los técnicos fue comenzar con los patios de distribución de Guri, que es lo que surte el sistema 765 KV. De allí salen tres líneas que dan hasta Malena, todavía en el estado Bolívar, y se enlazan con la subestación San Gerónimo (Guárico). En ese punto, la distribución continúa hasta Santa Teresa del Tuy (Miranda) y La Arenosa (Carabobo), en el centronorte del país. La maniobra fue arriesgada y hubo varias caídas, pero finalmente se logró. El sábado siguiente, no obstante, otra falla lo tumbó todo.

"La frustración es traumática, porque las caídas se dan por cosas que tú no puedes controlar. Una falla externa que te tumbe el sistema interconectado porque está débil, es algo que escapa de tus manos. El sábado se nos murió todo el sistema supervisor", recuerda César Salazar.

Los 'cuatro fantásticos'

El ingeniero Juan Carlos Pérez es un hombre atildado. Habla pausado, no se exalta y a su tono de voz le faltan los decibeles característicos de los habitantes de las calientes tierras del estado Bolívar. Tiene más de 30 años de experiencia en el sector eléctrico y es una de las voces más autorizadas en lo que respecta a sistemas de generación. Pero en el momento que ocurrió la falla no trabajaba en Corpoelec.

Pero el domingo 10 de marzo, tres días después del primer apagón, un comando de la inteligencia militar se apareció en la puerta de su casa. Le dijeron que debía acompañarlos porque lo había mandado a llamar la vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez: "Ahí no tuve mucha opción", dice Juan Carlos, y se ríe. Junto con él, el Gobierno había solicitado la presencia de otros tres compañeros para apoyar las labores de rescate del sistema.

"Nosotros queríamos repartirnos la tarea entre las hidroeléctricas, pero ella [Rodríguez] insistió en que fuéramos solo a Caruachi porque había detectado algo. Llegamos y conseguimos que no había ninguna máquina en servicio, que estaban todas paradas. Amanecimos allí y el lunes teníamos cinco máquinas disponibles. Desde ese momento, las maniobras de recuperación tuvieron el respaldo del control de frecuencia de Caruachi, es decir, la intuición de Delcy fue correcta. Nuestra presencia permitió que no hubiese más retraso. Lo otro que sugerimos fue que el control de mando del sistema estuviese en Puerto Ordaz, porque allí estaba ella, y esas dos acciones permitieron recuperar el sistema". Los otros tres compañeros convocados por la vicepresidenta venezolana fueron Antonio Martini, François Morillo y Luis Dimas. A ellos, entre los trabajadores, los bautizaron como 'los cuatro fantásticos'.

Pérez explica que el problema estructural está en la forma en que fue concebido el sistema eléctrico nacional: "Cuando empezó el proyecto de Guri, en la década de los 60, el Gobierno de entonces se quedó con un diseño que fue asesorado por una empresa francesa. Ya había estudios sobre el potencial energético del río Caroní, que superaba los 20.000 MW, y en razón de eso, se consideró que el pilar del sistema se sustentara en la fuente hídrica".

El detalle es que todo el sistema fue diseñado para que la energía del Bajo Caroní pudiera ser llevada con confiabilidad a las zonas costeras, en el centro del país, donde se encuentran los puertos, y al borde de las empresas que explotaban el mineral de hierro y el oro, sin tomar en cuenta el desarrollo rural y urbano del país: "Es una mirada de país que solo está destinado a suplir recursos. En esa época, con EE.UU. como principal comprador", puntualiza Pérez.

¿Qué fue lo que pasó?

La pregunta se repite: ¿qué fue lo que pasó? Los testimonios recogidos por este medio apuntan a una versión que combina el sabotaje externo y el deterioro de parte del sistema por inversiones no cumplidas a tiempo. La mayoría responsabiliza por esa situación al exministro Motta Domínguez.

La oposición venezolana dijo, en un principio, que el apagón fue provocado por un incendio, algo que descartan los expertos consultados. Liccioni destaca que ese tipo de eventos, cuando ocurren, son relativamente fáciles de atajar y no ocasionan la paralización de las tres centrales hidroeléctricas del país.

Juan Carlos Pérez, por su parte, considera que hay un elemento que echa por tierra esa hipótesis y abona la posibilidad de que haya sido un ataque coordinado: "Cuando llegamos a atender la falla, nos dimos cuenta de que nuestros centros de control computarizado tienen enlaces externos activados". Es decir, podía ser controlado desde afuera.

"Los técnicos alegan que con esos enlaces no podía hacerse control, pero esos accesos están allí. En esta falla vimos cosas que nunca habíamos visto; por ejemplo, que energizáramos una línea con todos los protocolos y que, sin razón aparente, se nos salieran [de control]. Mira, si hay técnicas que permiten provocar fenómenos atmosféricos, interferir en un sistema como este no es nada. Por estas líneas se pueden transmitir señales de frecuencias distintas, puede ser una onda de radio, eso es tecnología vieja. Eso se llama ondas portadoras. Así que un ataque externo y electromagnético es totalmente posible", argumenta Pérez.

Otra de las singularidades fue la imposibilidad de establecer comunicaciones. "Todo buen operador sabe que sin la adecuada coordinación es imposible estabilizar una red interconectada, porque cualquier acción que acometes, repercute en el resto del sistema. Las coordinaciones se nos desactivaron, por eso nos costaba recuperar con precisión. Además, hubo conexiones y desconexiones de carga no autorizadas", continúa el ingeniero.

Para Pérez, el último elemento que sustenta la tesis del sabotaje es que los registros históricos de los sistemas estaban desconectados. "Los registradores de fallas, ubicados en puntos muy estratégicos del sistema, que son elementos que guardan el comportamiento de los parámetros para verlos antes, durante y después de cualquier evento, los encontramos desconectados y eran imprescindibles para comprender qué había pasado".

Un sabotaje "por omisión"

Antonio Martini fue despedido en 2015. En ese entonces era gerente de la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar y, al igual que Pérez y Morillo, solo se apareció a colaborar cuando el personal de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) fue a buscarlo a su casa.

"El domingo nos comentaron que en Caruachi los equipos se sincronizaban y después se disparaban", cuenta Antonio. Ese día se fueron a la represa, por órdenes de la vicepresidenta, y empezaron a poner en funcionamiento las máquinas. El miércoles de la semana siguiente, el sistema ya estaba más estable. Sin embargo, el 29 de marzo, una situación aún más grave los obligó a retomar posiciones en las centrales hidroeléctricas del país. Hubo un incendio en el patio de transmisión de Guri y la pérdida de equipos fue considerable.

"Fue una experiencia difícil ver el deterioro de la empresa, porque la mayoría de nosotros estábamos fuera del sector, excluidos de algo a lo que le dedicamos la mitad de nuestras vidas", dice Martini. Para él, su salida de la empresa fue un 'despecho' que le duró casi un año. Luego se fue a Brasil, fundó una firma de consultoría y volvió a Guayana en noviembre del año pasado. Regresar a las instalaciones después de tres años, le removió muchas cosas. "Yo no pensé que iba a pisar de nuevo el edificio de Corpoelec y mucho menos volver a Guri, por las condiciones de este señor [Motta Domínguez]".

"Es que yo nunca supe por qué me despidieron", insiste. El descontento con la gestión del exministro es una constante en los pasillos de Corpoelec y las hidroeléctricas en Guayana. "Tuvimos casi cuatro años de oscuridad", dicen para referirse al tiempo en que Motta Domínguez estuvo al frente de la cartera. Para Martini, el apagón era un riesgo latente desde hace varios años.

"Entendemos la guerra multiforme, pero también las condiciones del sistema: tres años y medio en los que sabíamos del deterioro. Cuando llegamos ahora a revisar, constatamos que todo el programa de modernización estaba parado, que no se hicieron los mantenimientos de subestaciones a tiempo, que los corredores de línea estaban parados. Yo, al ver los movimientos del señor Motta, hice una denuncia y alerté que parecía que estaba planeándose un golpe eléctrico. Para mí, los sabotajes no son solo por acciones externas, sino también por omisiones internas", dice el exgerente de Guri.

En ese punto coinciden casi todos los trabajadores. César Salazar cree que la lección aprendida es que no pueden postergarse las medidas de mantenimiento hasta que llegue otro colapso: "El sistema eléctrico se parece al cuerpo humano, él te va hablando para tú tomar acciones predictivas, preventivas, recuperativas y correctivas. Si te da fiebre, ¿qué tú tomas? Antibióticos. Lo que ha pasado es que muchas cosas no están donde deberían estar, ni se han hecho como se deben hacer".

"Nos sentíamos olvidados"

Aunque buena parte del servicio eléctrico está recuperado, hay zonas del país que continúan con fuertes racionamientos, especialmente en occidente, que queda en la 'cola' del sistema interconectado. En el estado Zulia es donde se vive la situación más dramática.

Allí, la idea era que el parque termoeléctrico estuviera activo para poder suplir cualquier déficit de las hidroeléctricas. Sin embargo, la situación es crítica porque las plantas que generan energía por combustibles fósiles están casi todas fuera de servicio.

"Nosotros contábamos para estas fechas de verano con el parque térmico, pero sabíamos que todavía no estaba establecido, lo débil del sistema", recuerda Jofre Padrino, responsable del seguimiento y pruebas de planta en Guri. Después de la falla del 7 de marzo, él se incorporó a las labores el día 11 de ese mes, junto con personal jubilado de la hidroeléctrica Simón Bolívar, que se turnó para hacer guardias de 24 horas junto a las máquinas, con colchonetas en el piso, hasta que se logró el restablecimiento del sistema.

"Cuadrillas que estaban idas de la empresa se pusieron a disposición. Las jornadas fueron extenuantes, pero hubo bastante apoyo de la institución. Lo que sí te digo es que nosotros, antes de que pasara todo esto, nos sentíamos olvidados. Aquí los sueldos son tan bajos que hubo una migración grandísima de profesionales del sector eléctrico, muchos dejaron el país o se fueron a trabajar en otras áreas", cuenta Jofre, quien tiene 21 años de servicio en Guri y empezó a trabajar en la hidroeléctrica porque era el sueño de su vida.

"Aquí los compañeros hablan de 'mis máquinas' porque son como un hijouna extensión de uno. Yo me siento como en mi casa. Por eso, cuando perdimos equipos fue muy doloroso. Muchos llorábamos de rabia, eso fue terrible".

Jofre, como muchos de los trabajadores, vive en el campamento Guri, una zona que ahora muestra marcados signos de deterioro. En el pueblo, que queda a una hora de carretera desde Puerto Ordaz, habitan unas 2.000 familias y lo que hay en los alrededores son extensiones de tierra yerma, monte y el sistema de hidroeléctricas del Bajo Caroní. La complicada situación económica de Venezuela, acentuada por las sanciones unilaterales de EE.UU., ha desgastado la calidad de vida al punto que en esa zona solo quedan dos comercios que especulan con los precios de los pocos productos que expenden.

El Ejecutivo nacional ha dado prioridad a la recuperación del sistema eléctrico nacional y los trabajadores han expuesto los rezagos que deben atenderse de manera urgente para evitar otro colapso. El 1 de abril, el presidente Maduro removió de su cargo a Motta Domínguez y designó a Igor Gavidia al frente de la cartera, un ingeniero eléctrico egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), quien en el año 2000 integró el equipo de discusión para la elaboración del Proyecto de Ley del Servicio Eléctrico Nacional.

"El día que el presidente Maduro dio la noticia de que estaba designando nuevo ministro de energía eléctrica, allí fue donde la gente 'ahora sí puedo ponerme a la orden'. Una de las cosas que tenemos ahorita es hacer los análisis de flujos de carga y de estabilidad, con ingenieros que hagan análisis de sistemas de potencia, en función del respeto, la confianza y la seguridad de la información. Hay mucho por trabajar todavía. Ahora, ¿todo eso es recuperable? Claro que sí", asegura Martini.

El jueves pasado, a casi tres meses de la falla, Maduro designó a Freddy Brito Maestre como nuevo ministro para la Energía Eléctrica y presidente de Corpoelec, en sustitución de Gavidia.