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Julio Yao Villalaz

El general Omar Torrijos, promotor de los Tratados Torrijos-Carter, que en diciembre ‎de 1999 transfirieron a las autoridades panameñas el control del Canal de Panamá, hasta ‎entonces bajo control de Estados Unidos, murió el 31 de julio de 1981 en un extraño ‎‎“accidente” aéreo… tan inexplicable como los “accidentes” que pusieron fin a las vidas del ‎presidente ecuatoriano Jaime Roldós Aguilera –en mayo de 1981– y del presidente de ‎Mozambique Samora Machel –en octubre de 1986. ‎

A 38 años de la desaparición física del general [panameño] Omar Torrijos, hay dos tesis sobre la ‎catástrofe aérea que le costó la vida: ‎ 
  • la primera, fue un accidente provocado por un error del piloto en medio de un mal tiempo o ‎por fallas mecánicas; ‎ 
  • la segunda, fue un atentado de la CIA a su avión, un DeHavilland DHC-6 Twin Otter fabricado ‎en Canadá, matrícula FP205.‎

Según la tesis del accidente, el avión golpeó un árbol y se precipitó en la ladera del cerro Marta, a ‎‎3 100 pies de altura, donde se incendió. Esta versión se basa en las declaraciones del capitán ‎Miguel von Seidlitz, quien observó desde cierta altura el lugar donde fue encontrado el avión. ‎Murieron el general Omar Torrijos y otras 6 personas –miembros de la tripulación, escoltas y ‎amigos.‎

Solamente pudieron recuperarse parte del torso del general Omar Torrijos y su reloj Rolex. Los ‎restos mortales del general fueron identificados por la prótesis. Del resto del cuerpo ‎se encontraron “sólo algunas partes diseminadas”, según el mayor Felipe Camargo, miembro del ‎aparato de seguridad de Torrijos. Según una fuente digna de confianza que custodió la aeronave ‎siniestrada, “nada o casi nada quedó, pulverizado por el fuego”.‎

Al sitio llegaron primero los “Macho de Monte” [1] y otras fuerzas de la Guardia Nacional, según el citado militar ‎y, posteriormente, un representante de la empresa DeHavilland que dio versiones contradictorias ‎que podían interpretarse a favor del accidente, aunque sin descartar un atentado [2].‎

El vuelo entre las ciudades panameñas de Penonomé y Coclesito sólo duraba 15 minutos y el ‎incidente ocurrió entre las 11:55 y las 12:05 (hora local). El avión no estaba equipado con caja negra, ‎y en la ciudad de Coclesito no había torre de control ni radar.‎

El avión del general Omar Torrijos despegó del aeropuerto de Penonomé, cuyo radar “no cubría el ‎área del cerro Marta”, según el mayor Chalo González, jefe de los “Macho de Monte”, por lo que ‎no sería correcto decir que la aeronave “desapareció del radar”. Sin embargo, “quedó grabada la ‎voz del capitán Azael Adames [el piloto] cuando cerraba vuelo, ya que tenía la pista ante sus ‎ojos”.‎

Así las cosas, resulta difícil creer que algún fuerte viento pudiese haber desestabilizado el avión y ‎producido efectos tan devastadores sin una explosión.‎

Nunca se hizo una investigación especializada, que hubiera trasladado los restos de la aeronave, ‎examinado hasta el último tornillo, evaluado las condiciones climáticas, la conducta dentro de la ‎cabina, la salud y la experiencia de los pilotos, las grabaciones de radio y otros factores. Nada de ‎esto se hizo, y los restos del avión quedaron simplemente abandonados, perdiéndose muchas ‎evidencias.‎

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Imagen reciente de los restos del avión siniestrado del general Omar Torrijos, aún abandonados ‎en el lugar de los hechos, ‎

La Fiscalía panameña inició investigaciones y sobreseyó el caso el 23 de abril de 1983, ‎no sin antes declarar que no había trazas de pólvora o indicios de explosión, basándose en ‎informes del FBI estadounidense. ‎

Según Wikipedia y una red cubana, “El informe de la Fiscalía, apoyado en informes del Buró ‎Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos, reveló que el avión en el que viajaba Torrijos ‎sufrió desperfectos mecánicos y no tenía restos de explosivos”. [3]‎

Si no hubo un peritaje serio, ¿en qué consistió la “investigación” que dio lugar al informe de la ‎Fiscalía?‎

En otras palabras, ¿cómo se coló el FBI estadounidense en el informe de la Fiscalía panameña? ‎

El FBI no tiene ninguna autoridad en la realización de peritajes sobre catástrofes aéreas, ‎ni siquiera en su propio país. En Estados Unidos eso es competencia de la National ‎Transportation Safety Board (NTSB), o sea la Junta Nacional de Seguridad del Transporte. ‎‎¿Qué valor podrían tener entonces las afirmaciones del FBI sobre “desperfectos mecánicos” del ‎avión panameño o ausencia de restos de explosivos? Además, declara el mayor Camargo: ‎‎“No recuerdo elementos gringos y menos del FBI entre los que llegaron al sitio de la tragedia.”‎

Según el mayor Chalo González, ‎los estadounidenses supieron mucho antes que los panameños que el general Torrijos había ‎muerto. “¿Cómo sabe usted eso?”, le pregunté al mayor. “Mucho antes de que ‎en Panamá se supiera, los gringos izaron la bandera a media asta en señal de duelo”, contestó.‎

La primera vez que escuché la tesis del atentado fue en 1982, en el Hotel Marriott, donde ‎estábamos reunidos en una mesa Berta Torrijos, Moisés Torrijos, el Dr. Carlos Pérez Herrera ‎‎(primo del general Torrijos), el licenciado Marcelino Jaén (cuñado), el Dr. Carlos López Guevara, ‎primer canciller bajo el gobierno del general Torrijos –en 1968– y este servidor.‎

Moisés Torrijos relató que había contratado a un sargento dominicano de apellido Oliveros, quien ‎tenía nexos con la CIA. Oliveros le había informado que la CIA había puesto una bomba en el avión ‎del general Omar Torrijos, como parte de un plan denominado “Halcón en vuelo”.‎

En 1986, el legislador Hugo Torrijos (hermano del general), denunció en la Asamblea Nacional ‎panameña que la CIA había asesinado a Omar Torrijos.‎

Pero, regresemos al testimonio del capitán Miguel von Seidlitz, quien relata que cuando se acercó ‎al sitio:‎

“Ya los estadounidenses se encontraban rastreando el área a gran altura, sobrevolando el ‎área primero con un avión C-130 y después con un “push-pull”. Observé a unos ‎campesinos y me le acerqué a uno para escucharlo decir que en Cerro Marta se había ‎escuchado una explosión.” [4].‎

Ahora bien, el capitán Miguel von Seidlitz, piloto experimentado, testimonia que un avión C130 y ‎otro del tipo “push-pull” de Estados Unidos ya “rastreaban a gran altura” el sitio. Solamente ‎se rastrean las huellas de un suceso, por lo que pregunto si estarían rastreando el sitio para ‎confirmar el crimen.‎

Durante el juicio contra Manuel A. Noriega, este quiso exhibir los documentos probatorios de los ‎atentados contra Omar Torrijos y contra él mismo cometidos desde principios de los años 1970, ‎pero el juez Hoeveler prohibió la presentación de esos documentos “por razones de seguridad”. ‎No debemos olvidar que la Doctrina Monroe (1823) y la Declaración del presidente ‎estadounidense Rutherford Hayes (1880), convierten Latinoamérica en “patio trasero” de ‎Estados Unidos.‎

En septiembre de 1975, el secretario de Estado, Henry Kissinger, había declarado que Panamá ‎jamás sería dueña del Canal, aunque la Declaración Tack-Kissinger de 1974, que me tocó ‎redactar, decía que sí, y que la presencia de Estados Unidos tenía fecha de cumpleaños: el 31 de ‎diciembre de 1999.‎

Por instrucciones del canciller panameño y jefe de las negociaciones con Estados Unidos, ‎Juan Antonio Tack, yo mismo refuté desde México dichas declaraciones en concurrida ‎conferencia de prensa.‎

El Tratado del Canal (1977) entró en vigor y al año siguiente el general Torrijos inició ‎negociaciones con Japón para construir un nuevo canal.‎

Yo había dejado de ser asesor personal de Tack y del general Torrijos en agosto de 1977, ‎en desacuerdo con la expulsión de Tack por la derecha “torrijista” y en rechazo al Tratado de ‎Neutralidad [5].‎

Desde el principio, Estados Unidos se opuso a Japón y presionó fuertemente a Torrijos porque ‎la Bechtel Corporation, a la que pertenecían Ronald Reagan, George Bush padre (presidente de ‎Bechtel y director de la CIA), Caspar Weinberger (director de Bechtel y secretario de Defensa) y ‎otros, perdería contratos multimillonarios.‎

En 2005, el economista y empresario estadounidense [y autor del libro Confessions of an ‎Economic Hit Man (“Confesiones de un sicario económico”)] John Perkins denunció que Omar ‎Torrijos había sido asesinado para poner fin a sus negociaciones con Japón. Pero antes, en ‎noviembre del año 2000, ya yo había denunciado lo mismo [6].‎

Al general Manuel Antonio Noriega, quien continuó las negociaciones con Japón y fue recibido ‎en Tokio como jefe de Estado en diciembre de 1986, le cayó la misma teja: el Consejo de ‎Seguridad Nacional de Estados Unidos había decidido eliminarlo el 6 de abril de 1986. ‎Estados Unidos desestabilizó Panamá, invadió el país y secuestró al general Manuel Antonio ‎Noriega el 5 de enero de 1990, después de desmantelar las Fuerzas de Defensa [7].‎

‎¿No es sorprendente que los tres principales promotores de la construcción de un ‎canal interoceánico con la participación de Japón hayan muerto o desaparecido de la escena ‎política en el curso de sólo 2 años? ‎

  • ‎El primer ministro japonés Masayoshi Ohira, murió inexplicablemente –no estaba enfermo– a los ‎‎70 años, el 2 junio de 1980);‎
  • ‎el general Omar Torrijos, murió a los 52 años, el 31 julio de 1981, en la catástrofe aérea que ‎nunca ha sido aclarada;‎
  • ‎el presidente panameño Arístides Royo –investido el 11 de octubre de 1978 y firmante de la Declaración Conjunta Panamá-Japón– renunció ‎súbitamente, por un “dolor de garganta”, el 30 julio de 1982.‎

Y, adivinen qué, ¡toda la documentación sobre la muerte, asesinato o magnicidio del general Omar ‎Torrijos desapareció durante la invasión estadounidense de 1989!‎

NOTAS

[1] El autor se refiere a miembros de la ‎‎7ª Compañía de Infantería, una fuerza especial de la Guardia Nacional panameña que había sido ‎creada precisamente por el general Omar Torrijos. Esa compañía debía su apelación, “Macho de ‎Monte”, al nombre popular de un tipo de tapir existente en las selvas de Panamá, capaz de ‎embestir a otras fieras con tal fuerza que puede llegar arrollar un tigre. La 7ª Compañía “Macho ‎de Monte” fue disuelta cuando Estados Unidos desmanteló las Fuerzas de Defensa de ‎Panamá, después de la sangrienta invasión militar estadounidense de 1989, designada por el ‎Pentágono como “Operación Causa Justa”, invasión que costó la vida a al menos 3 000 ‎panameños. Nota de la Red Voltaire.

[2] “La muerte de ‎Omar Torrijos: ¿accidente o conspiración?”, Mónica Guardia, La Estrella de Panamá, 2 ‎agosto de 2015.

[3] El autor se refiere ‎probablemente a una versión anterior del artículo de Wikipedia sobre el general Omar Torrijos, ‎artículo que ha sido objeto de múltiples modificaciones desde el pasado 1º de julio de 2019 (Ver https://es.wikipedia.org/w/index.ph...). ‎Recomendamos igualmente ver la página de discusión de Wikipedia sobre su artículo dedicado al ‎general Omar Torrijos (https://es.wikipedia.org/wiki/Discu...). ‎Nota de la Red Voltaire.

[4] Miguel von Seidlitz, “Último Patrullaje – Destino Coclesito”, ‎‎Revista Lotería, No. 484, mayo-junio de 2009.

[5] El Tratado de Neutralidad del Canal de Panamá estipula que esa vía interoceánica ‎debe mantenerse abierta al tráfico marítimo internacional, pero establece un derecho de paso ‎prioritario para los barcos de Panamá… y de Estados Unidos. Nota de la Red Voltaire.

[6] Julio Yao, “Para entender ‎la invasión de Panamá”, Panamá-América, 20, 21 y 22 de ‎noviembre de 2000

[7] El monopolio ‎del Canal y la invasión, Julio Yao, Universidad de Panamá, EUPAN y Litografía Chen, Ciudad ‎Panamá, 2019.

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