Luis Rivas

Los enfrentamientos entre chechenos y árabes en varias ciudades de Francia no son simples sucesos aislados. Reflejan el deterioro de la autoridad de la República, que ha perdido el control de territorios bajo dominio de bandas armadas.

"Si hemos plantado cara a Rusia, no nos vamos a asustar ahora por la chusma". Así se manifestaba ante la prensa francesa Chamil Albanov, responsable de comunicación de la "Asociación de chechenos de Europa". La "chusma", para Albanov, y para la mayoría de los franceses, es la traducción de la palabra "racaille", que sirve para designar a los jóvenes delincuentes de origen magrebí que habitan en las banlieues, los barrios controlados por los capos de la droga, en competencia con los islamistas.

Las declaraciones de uno de los líderes chechenos en Francia corroboraban las imágenes de cientos de miembros de su comunidad desfilando armados por el centro de la ciudad de Dijon, en el barrio conflictivo de Gresille, habitado mayoritariamente por ciudadanos de origen magrebí (argelinos, tunecinos o marroquíes).

Decenas de chechenos venidos de toda Francia llevaron a cabo operaciones punitivas contra bandas rivales durante tres noches seguidas para vengar, supuestamente, a un joven de 16 años de su comunidad apaleado brutalmente por magrebíes días antes.

Kaláshnikov y pistolas: mejor armados que la Policía

Según se puede apreciar en las imágenes mostradas por las redes sociales y censuradas durante dos días por la prensa del establishment, Dijon fue escenario de desfiles de bandas armadas con Kaláshnikovs, fusiles automáticos, pistolas y revólveres, además de otras armas menos sofisticadas, como hachas y martillos. El arsenal exhibido por unos y otros es el ejemplo de lo que muchos en este país intentar ocultar, el poder ejercido por grupos que se financian con el negocio de los estupefacientes y que les permite dotarse de mejor armamento que la propia Policía.

Que en Francia salir a comprar una baguette de pan puede costar la vida en muchos barrios alejados de la visita turística es una realidad que solo puede negar la ceguera de lo políticamente correcto, el clientelismo político o el empeño de la mayoría de los medios de comunicación.

El caso de la prensa nacional es bochornoso. Silencio en los primeros días, hasta que los políticos reaccionaron y pidieron, claro está, cobertura; ocultación de los hechos como un caso aislado de venganza por una agresión, cuando los periodistas locales insistían en explicarlo como un capítulo más de la guerra de territorios por el negocio de la droga, similar a las que se desarrollan en otras muchas ciudades del país; presentación del caso como un ataque de chechenos "a residentes de Dijon", sin mencionar que el bando rival estaba compuesto por vecinos de origen árabe.

Pero, por encima de todo, lo acaecido en Dijon es una prueba más del deterioro que el multiculturalismo está ejerciendo sobre la idea de una República en la que las diferencias de origen étnico o religioso no eran tenidas en cuenta para la consideración de ciudadano.

La lógica étnica y tribal se impone poco a poco, y no solo en el exterior de las ciudades, poniendo en entredicho la esencia misma de la idea de nación francesa. A todo ello se une, como elemento necesario, la deslegitimación de la autoridad de las fuerzas de seguridad, a la que contribuyen desde políticos ahogados en su propia insignificancia a, incluso, el actual ministro de Interior de Emmanuel Macron, Christophe Castaner.

Francia redescubre Chechenia

La Policía tuvo en Dijon la oportunidad de "vengarse" en cierta medida del oprobio vivido con motivo de las manifestaciones imitadoras del Black Lives Matter norteamericanas. Testigos de la primera expedición de castigo de los chechenos, los agentes del orden no quisieron intervenir en un enfrentamiento que, según sus representantes sindicales, hubiera causado muchos muertos.

Por supuesto, insistieron en que estaban peor armados que las dos partes enfrentadas. Después de oír los días anteriores de la boca de algunos manifestantes y ciertos políticos el lema importado también de EEUU, "desarmar a la Policía", las fuerzas del orden asistieron a un concierto de denuncias en las que se pedía su intervención para poner autoridad.

Francia volvió a descubrir Chechenia, esta vez representada por individuos armados en su propio territorio, considerados "refugiados políticos". Durante los dos conflictos en el Cáucaso en los años 90 y 2000, la prensa oficial y la mayoría de los políticos consideraban a los chechenos como víctimas. Hoy toman partido por los magrebíes, más numerosos y, por lo tanto, objeto electoral.

Los líderes chechenos en Francia muestran hoy como ejemplo de su "orgullo y fiereza" la lucha contra Rusia. Sus descendientes parecen algo más despistados. En las imágenes de los desfiles armados por Dijon, se puede leer el mensaje que algún checheno escribió en los muros de los barrios árabes: "Viva, Rusia", "Viva Putin".

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