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Carlos Santa María

“Terrorismo no es un enemigo. Es una táctica. Porque los propios Estados Unidos tienen un largo historial de apoyo a terroristas y uso de tácticas terroristas (...)”.

General William Odom, ex director de la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA).

En un reciente artículo escrito por la periodista independiente Soraya Sepahpour-Ulrich sobre el apoyo irrestricto del Gobierno de Donald Trump al grupo terrorista antirání Muyahidín Jalq (MKO, por sus siglas en inglés), la interrogante era sobre si EE.UU. realmente ha establecido un amor verdadero por la maldad, la muerte, el genocidio, la usurpación, valores reprobados por la Humanidad y ensalzados sólo por la delincuencia internacional industrial-militar junto a los Medios que ésta controla.

Y dicha afirmación ha sido corroborada por la historia desmintiendo su supuesta defensa de la democracia y la libertad.

Basta recordar que ante el desarrollo de Afganistán aprovechando el aporte que realizaba la Unión Soviética a ese pueblo, la Agencia de Inteligencia Central de EE.UU. (CIA, por sus siglas en inglés) construyó un grupo terrorista (Al-Qaeda), al cual idealizó en la sicología social mundial de tal modo que se creyó que era la salvación de dicha nación. El resultado es que, desde esa época al día de hoy, la crisis política económica y social no se ha detenido gracias a la extraordinaria labor de destrucción del Gobierno estadounidense, secundado por el Reino Unido, Francia, Alemania y otras naciones afectas a los genocidios. Libia ha sido exterminada en su desarrollo y paz desde que el legítimo gobernante, Muamar Gadafi, fue depuesto y asesinado en 2011 por militantes locales auspiciados por la CIA.

Al descubrirse que la creación de Al-Qaeda era obra del Departamento de Defensa estadounidense (el Pentágono), se intentó desviar la atención proyectándolos como grupos liberadores o religiosos radicales musulmanes, con el fin de impedir que se relacionara con dicha oficina terrorista, pese a ser una organización activada por Washington y sin castigo por la masacre del 11/S. Lo pernicioso ahora fue la creación del grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe) como un movimiento que pretendía liberar Siria y que paulatinamente fue demostrando que estaba amparado, al igual que el anterior, por potencias occidentales con el fin de destruir totalmente al país. De sus degollamientos, destrucción del patrimonio, ejecuciones de civiles y masacres de militares patriotas, así como su barbarie, muchas agencias televisivas han obstaculizado la difusión para no incriminarlos.

En Siria en 2011, Israel ha lanzado frecuentes ataques aéreos y de artillería contra las posiciones del Ejército sirio para apoyar a los terroristas y frenar las victorias del pueblo ante las bandas extremistas.

Una reflexión final es muy importante en dos sentidos: primero, en cuanto las leyes del universo que son inalterables y, dos, en lo que respecta a que quien se alía con el dolor, lo experimenta posteriormente.

Las leyes universales determinan que existe una realidad inalterable cual es que todo lo que se propicia negativa o positivamente se regresa en las más diferentes formas como castigo o bienestar. Ello ha estado ocurriendo en Estados Unidos debido a la doble moral de los diversos gobiernos que han privilegiado destruir al supuesto enemigo en vez de concertar con espíritu humano. Así, la maldad se revierte inherentemente.

En segundo lugar, existe una relación fuerte entre quienes se asocian al dolor personal, grupal, nacional o internacional y como lo reciben posteriormente. Si un gobierno se ha caracterizado por apoyar golpes de Estado, invasiones, asesinatos, etc., las heridas son más que probables y su cicatriz es difícil de borrar.

Tal vez aquí se aplica la idea de Solzhenitsyn quien sostenía que cualquiera que use la violencia como su método (modo de vida), de modo inexorable debe elegir la mentira como su arma favorita o principio inexcusable. Así, cuando para un país la guerra se convierte en un deporte que debe ser disfrutado a través de los medios de información, la historia castiga a los gobiernos y sus ejecutores que hacen de su poder un instrumento de ignominia como verdaderos estados policíacos y, aunque pase el tiempo, en el momento preciso la verdad llegara. Así será.

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