LaRouche PAC

La celebración del 50vo aniversario del primer alunizaje del hombre en la Luna, el pasado 20 de julio, sirvió como un poderoso recordatorio a la humanidad entera , a todos los 7,500 millones que somos, de que nuestra especie tiene una manera de progresar, basada en la cooperación pacífica entre todas las naciones para lograr los avances tecnológicos necesarios para regresar al espacio, y para resolver los problemas de la pobreza, el colapso financiero, y la decadencia cultural aquí en la Tierra.

Nos recordó que no hay necesidad de tolerar la política del imperio británico de genocidio maltusiano y de pesimismo inducido, que hoy en día se enmascara en la forma de un movimiento ambientalista radicalmente “verde” que pide esa despoblación con absoluto descaro.

Y para cualquiera que vea con cuidado, y con un concepto sobre la historia del último medio siglo, el aniversario del Apolo 11 demuestra también que Lyndon LaRouche estuvo correcto todo el tiempo en su concepto de un programa de urgencia para la exploración espacial con base a la energía de fusión, así como en su llamado para crear una alianza de las Cuatro Potencias, Estados Unidos, China, Rusia e India, para destruir al imperio británico y tomar la iniciativa para sacar a todas las naciones de la crisis actual.

Esa alianza de las cuatro potencias es la única manera de evitar los dos peligros gemelos de una desintegración financiera mundial, y una confrontación estratégica entre Estados Unidos y China, y Estados Unidos y Rusia, la cual los británicos tratan de desatar. Estos peligros están ya en el orden del día que tiene el planeta en lo inmediato.

Uno de los lugares en conflicto más peligrosos es Hong Kong, en donde los británicos han lanzado una “revolución de color” a toda escala, diseñada para desestabilizar al propio Hong Kong, pero también para forzar al gobierno chino a intervenir militarmente, como han dicho que lo harían si se ven obligados, ya que después de todo, Hong Kong es parte de China y no una nación soberana aparte. Desde ahí, habría un solo breve paso para provocar algún tipo de evidencia fatal, posiblemente una “tercera fuerza” bajo control de los servicios de inteligencia extranjeros que ya operan ahí, para ondear una camisa ensangrentada.

Vale la pena recordar que China y Rusia han caracterizado de modo explícito a esas “revoluciones de color” como una forma de guerra moderna.

El gobierno chino y los medios noticiosos semioficiales han expresado también explícitamente que ven las manos extranjeras detrás de la desestabilización en Hong Kong, tanto de los británicos, que es la potencia colonial histórica en Hong Kong, como los elementos anglófilos instalados en el gobierno de Trump, tales como el Departamento de Estado de Mike Pompeo y las piezas del Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, y por supuesto los desquiciados miembros del Congreso. El Presidente Trump ha sido mucho más mesurado, quien ha declarado que entiende el apuro en el que se encuentra el gobierno chino, como lo ha dicho, “pero estoy seguro de que lo va a resolver. Espero que se resuelva para todos, incluso para China, por cierto”.

El pasado lunes 12, el diario chino en inglés China Daily, por ejemplo, publicó un artículo en donde destaca el papel histórico de los británicos, para recordarle a todo el mundo que “luego de masacrar a miles en las Guerras del Opio, los británicos inundaron al país con las drogas, para matar a un sinnúmero de personas más”. Asimismo, el diario recuerda a sus lectores: “No nos olvidemos de los millones de indios asesinados en la hambruna de Bengala impuesta bajo el dominio británico”.

No obstante, la provocación británica en Hong Kong, con todo y lo peligrosa que es, es solo una de las tantas desestabilizaciones que han desatado con su “estrategia de tensión” en el mundo, como se puede ver en:

  • La crisis en Cachemira, en donde nuevamente India y Pakistán han llegado al punto de la guerra por el territorio en disputa. China ve también su soberanía nacional amenazada por la revocación unilateral de India a la autonomía de Cachemira, así que ahí tenemos a tres potencias nucleares, India, Pakistán y China, en una posible trayectoria de colisión que podría desatar incluso una guerra nuclear regional. El servicio de noticias chino, Xinhua, también ha señalado correctamente que, “cuando el subcontinente del sur de Asia obtuvo su independencia después de la Segunda Guerra Mundial, los colonialistas británicos dejaron detrás al Plan de Mountbatten y una región dividida, que es la causa y origen de la turbulencia y la violencia”.
  • El intento de golpe de Estado aún en marcha en contra del Presidente Donald Trump, a quien la Cámara de los Lores británica ha identificado explícitamente como una amenaza a la continuidad de su dominio sobre el mundo. Parte de ese golpe en marcha es la actual “estrategia de tensión” en sentido más amplio, en los propios Estados Unidos, en la forma de los asesinatos en masa, orientados cada vez más por una ideología maltusiana “verde”.
  • La guerra económica y otras formas de desestabilización diversas en contra de Rusia, Irán, Venezuela, y por supuesto contra China.

Ninguno de esos planes sirve realmente a los intereses de Estados Unidos. Su denominador común es el propósito de extender el viejo paradigma de pesimismo, guerra, y especulación económica y saqueo. Están diseñados para continuar con el intento del imperio británico para impedir que una alianza de las Cuatro Potencias sustituya a su sistema en bancarrota con uno basado el avance científico, el desarrollo económico mundial, y la cooperación internacional entre los Estados nacionales soberanos. Esto, y nada menos que eso, es el verdadero interés nacional de Estados Unidos: el bien común de toda la humanidad.

Lyndon La Rouche, como ven, estuvo correcto siempre.

“China no es nuestro problema”: EU tiene que colaborar en el espacio y en la Franja y Ruta 

“China no es nuestro problema”, dijo en un tuit el Presidente Donald Trump el miércoles 14, mientras que el rendimiento de los bonos de la Tesorería de EU se hundían en el territorio de la recesión económica y se informaba que la economía industrial alemana se contrajo significativamente, y el mercado de valores de Wall Street se hundió 800 puntos.

Eso es verdad totalmente, contrario a la propaganda sobre Hong Kong proveniente de Londres y del Congreso de Estados Unidos.

El Presidente reaccionaba a los alaridos de los medios noticiosos financieros que durante todo el día estuvieron hablando de que se ha invertido la “curva principal de los rendimientos” de los bonos de la Tesorería (los bonos de 10 años vs los bonos de 2 años) lo cual es un indicio de una recesión económica. Los bonos de la Tesorería de 10 años llegaron a tener un rendimiento de 1.56%, apenas un 0.07% por encima de su nivel más bajo de siempre, en tanto que el rendimiento de los bonos de 30 años es el más bajo que nunca antes. Lo que es claro es que no hay inversión productiva ni hay ahorro; de hecho, la inversión de capital de las empresas se redujo en los últimos meses. Los salarios reales oficiales semanales de los trabajadores estadounidenses se han reducido en un año, hasta julio, en un -0.3%, y todas las medidas del tráfico de carga se redujo junto con el total de la producción industrial el mismo mes. En el horizonte se avizora, a través del bosque de bancarrotas de empresas súperendeudadas, un crac financiero.

Y la segunda parte del tuit del Presidente, “Nuestro problema es con la Reserva Federal”, es como patear un burro muerto, literalmente. Los bancos centrales de las economías principales han mantenido las tasas de interés casi en cero, y han impreso masas de dinero inorgánico para entregarlo a los bancos de Londres y Wall Street para especular en la “burbuja de lo que sea” que han creado, en espera del próximo crac. El temor a ese crac, no el temor al Presidente Trump, es lo que ha llevado a la Reserva Federal y al Banco Central Europeo a retroceder en las tasas de interés e incluso llegar a las tasas de interés negativo.

A menos que se haga algo para generar inversiones en nuevas tecnologías industriales revolucionarias, en la infraestructura económica de tecnología avanzada, y en el rápido crecimiento de la productividad, para crear el nuevo valor a partir de la creatividad humana para superar las bancarrotas y las burbujas bursátiles.

Una manera de ver el problema es que no hay suficiente China. En el sentido más sencillo, el principal motor de la productividad económica y del crecimiento en el mundo desde el crac del 2008, China, lo han separado de las economías transatlánticas mediante restricciones a las inversiones, la guerra comercial, la negativa a unirse a sus grandes proyectos de infraestructura de la Franja y la Ruta en Asia, África e Iberoamérica. Y encima de eso, se ha especulado con la moneda de China para reducirle su valor y recortarle su capacidad de inversión.

Pero la solución a lo que se refiere como “nuestro problema”, se encuentra en un nivel superior del esfuerzo humano.

Para salir de este lío, es necesario que Estados Unidos emprenda una mayor colaboración con China, India y Rusia, en un programa internacional de urgencia para hacer realidad la misión Luna-Marte y lograr avances concretos en la energía de fusión termonuclear controlada, junto con las tecnologías de plasma y láseres. Estas cuatro potencias pueden dar la pauta a otras en la creación de un nuevo sistema de crédito para realizar inversiones internacionales conjuntas. Ya ellas desarrollan tecnologías nucleares; rechazan la manía “verde” que pretende sacrificar vidas humanas para “salvar al planeta”. Y anticipan que la especie humana desarrolle no solo este planeta, sino otros planetas también.

El Presidente Trump habló, luego de las últimas matanzas en Estados Unidos, de la difícil necesidad de “cambiar la cultura”. Este programa internacional de urgencia Luna-Marte y de energía de fusión, generará la creatividad, la productividad y el optimismo de los jóvenes en especial, que hará ese cambio.

El CFR presentó su plan por una revolución de color en Hong Kong

El experto en atacar a China en el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR en sus siglas en inglés), Jerome Cohen, organizó el miércoles 14 una conferencia telefónica sobre la situación de Hong Kong. Cohen, quien es además profesor de derecho en la Universidad de Nueva York, ha participado en el proceso “de apertura” de China desde el comienzo, concentrado en cuestiones del derecho y de los derechos humanos. Ahora se ha vuelto todo un fanático furioso adversario de Xi Jinping, y se siente orgulloso de ser uno de los organizadores, tanto aquí en Estados Unidos como en Hong Kong, de la revolución de color que está en marcha.

En la conferencia telefónica, Cohen dijo que Pekín está caracterizando la situación en Hong Kong como una revolución de color que recibe el respaldo de Estados Unidos, lo cual “por supuesto es una tontería”, dijo él. Luego pasó a explicar el papel que ¡él ha jugado en crear una revolución de color! Dijo que las malas acciones de la CIA en el pasado, “como en Italia después de la guerra, y en Irán con [Mohammad] Mosaddeq”, implica que tenemos que explicar que nosotros ya no hacemos esas cosas. Pero añadió: “No podemos dejar solos a estos valientes como lo hicimos en Hungría en la década de 1950”, cuando Estados Unidos apoyó una revuelta pero no los defendió cuando los soviéticos se movieron para aplastarla. “Por supuesto”, continuó, “no vamos a salir a ayudarlos militarmente en Hong Kong, pero debemos hacer todo lo que podamos para poyar a esta buena gente”.

Su propuesta (la cual ya ha puesto en marcha en el terreno) es crear una “comisión” de “abogados neutrales, ONGs, activistas de los derechos humanos, y gente prominente” (pero “nadie del gobierno”, insistió), para desarrollar un plan para llevar la democracia a Hong Kong. “Algunos de ellos se han comunicado conmigo, y están de acuerdo, pero están temerosos de avanzar en esto”, dijo Cohen, porque temen ser perseguidos si lo hacen. “Si no se hace nada podría llevar a un choque de trenes, donde la buena gente de Hong Kong quedará tirada en las vías [sic], y el tren va a aplastarlos”.

Eso suena como que el bueno del señor Cohen está hasta el cuello metido en la revolución de color. Por supuesto no dijo nada sobre los millones de dólares que están dando la Fundación Nacional para la Democracia (NED en sus siglas en inglés) y otras entidades oficiales que promocionan los cambios de régimen, para “entrenar para la democracia” a los manifestantes de Hong Kong, ni tampoco mencionó que agarraron infraganti a un funcionario del consulado estadounidense reuniéndose con algunos de los cabecillas de los disturbios. El moderador de la conferencia telefónica con Cohen no le dio la palabra al representante de la Executive Intelligence Review (EIR) cuando quiso hacer una pregunta.

Cohen denunció a la Jefa Ejecutiva del gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, de ser débil y de no dar “liderato”, refiriéndose a que, no cedió ante las exigencias de los manifestantes en contra de la Ley Básica.

Se jactó de que cuando Xi Jinping vino a Estados Unidos a reunirse con el Presidente Trump, él lo recibió con un artículo editorial publicado en el periódico Washington Post titulado, “El Frágil jefe de Estado de China”, donde alega que Xi era en realidad muchos más débil que la poderosa figura que proyecta, su “absurda dictadura”. Cohen alega que ha hablado con varias personalidades del Partido Comunista que se oponen a la “dictadura” de Xi, pero que temen levantar la voz.

Y con respecto a Trump, Cohen lo considera parte del problema, en vista de que se niega a hablar en contra de las “horribles violaciones a los derechos humanos en China, en Hong Kong, y en Xinjiang”, donde “están encarcelando a millones de musulmanes”, y en otras partes. Dijo que los ataques macartistas del FBI en contra de los científicos chinos y chino-americanos, a quienes están expulsando de las universidades, es simplemente una “ola de anticomunismo y contra China que se está apoderando de Estados Unidos”, y Trump debería aprovechar eso para atacar a China.

Así se escucha la voz del imperio británico en Estados Unidos.

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