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Maxim Medovarov

Mientras nos aproximamos al 130° aniversario del natalicio del fundador del eurasianismo, el príncipe Nikolai Sergeevich Trubetskoy (1890-1938), se hace necesario que revivamos las ideas y la herencia que nos dejó como legado.

Tal vez resulte sorprendente, pero a pesar la influencia que alcanzó este pensador y científico es casi desconocido fuera de un estrecho círculo académico. Solo tenemos que observar que la única biografía completa que existe de él (la de Ksenia Yermishina) estuvo durante mucho tiempo agotada y no se encuentra a la venta en las tiendas, y mucho menos en Internet, y el único artículo importante que hace una revisión sistemática de su pensamiento es el de Viktor Toporov. Tales revisiones académicas son insuficientes ante la labor de este clásico del pensamiento ruso emigrado al extranjero.

Últimamente, los opositores al eurasianismo argumentan con cada vez más frecuencia que Trubetskoy supuestamente abandonó sus puntos de vista eurasiáticos después de 1929. Eso no es verdad. La escisión que sufrió el eurasianismo lo hizo caer en la desesperación, por lo que se alejó de toda actividad organizativa (que jamás le agradó) y prefirió sumergirse en los muchos problemas científicos que lo abrumaban. Pero su estatus como científico e ideólogo al interior del movimiento eurasiático fue siempre mucho más importante que su trabajo como organizador, entre tanto, sus opiniones como gran lingüista y pensador no cambiaron para nada. Eso queda demostrado en todos los artículos que publico durante los años 30, los cuales aparecieron en colecciones euroasiáticas. Finalmente, fue detenido por la Gestapo: le confiscaron todos sus manuscritos y subió una muerte repentina a los 48 años, al parecer causada por el trauma que vivió a partir de su detención.

Nikolai Trubetskoy era un personaje sumamente complejo y contradictorio que pasó su vida luchando constantemente consigo mismo y con su herencia familiar. Descendiente de los Gediminidas (1), desde su nacimiento perteneció al círculo íntimo de la élite imperial. Su padre Sergei y sus dos tíos, Yevgeny y Grigory Trubetskoy, fueron figuras importantes y defensores del liberalismo moderado y la filosofía rusa que surgió después de Soloviev. Durante toda su vida Trubetskoy se esforzó por disociarse tanto como pudo del legado de su familia e intento construir una filosofía propia que fuera opuesta a la cosmovisión que defendía su padre (a quien perdió a la edad de 15 años) y a la de sus tíos. El excesivo rigorismo de Trubetskoy en relación con la filosofía clásica rusa, que no era completamente compartido por Savitsky y Suvchinsky, terminaría enfrentándolo posteriormente con las ideas de Lev Karsavin quien fue el filósofo más importante que entró al movimiento euroasiático cuando este alcanzó su apogeo entre 1925 y 1928. El conflicto entre los dos provocó el cisma de Clamart. Pero esto sucederá mucho más adelante. Antes de que todo eso aconteciera, Trubetskoy comenzó su carrera a los 14 años desplegando su gran genialidad adolescente, en ese entonces escribía artículos sobre lingüística y etnografía para revistas científicas, mientras debatía como igual con científicos especializados. La estrella de Trubetskoy como lingüista ya brillaba en el cielo incluso antes de que estallara la Revolución Rusa, la cual no le permitió defender su tesis de doctorado. Fueron sus conocimientos en la filosofía del lenguaje y en la etnología lo que le llevó a escribir su libro Europa y la humanidad (1920), después de lo cual creo el movimiento euroasiático en 1921.

Todos los fundadores del eurasianismo en ese momento pasaron a ser parte del movimiento blanco, pero se desilusionaron rápidamente de él, ya que todos sus integrantes querían encontrar una manera constructiva de superar el bolchevismo. Al mismo tiempo, los caminos y temperamentos personales de Trubetskoy y Savitsky, Suvchinsky y Vernadsky, Sadovsky y Karsavin, Malevsky-Malevich y Arapov, Tsvetaeva y Svyatopolk-Mirsky, Bromberg y Chkheidze, Klepinin y Khara-Davan eran tan diferentes que es imposible imaginar que los primeros euroasiáticos tuvieran "una única perspectiva". Me gustaría enfatizar aquí las especificidades que Trubetskoy introdujo en el eurasianismo tal y como fue fundado por él.

En primer lugar, introdujo sus ideas acerca de la igualdad fundamental que existía entre todas las diferentes civilizaciones y culturas. La cultura de Europa occidental es solo una entre muchas otras culturas y esta cultura europea no tiene ningún derecho moral a considerarse como superior a la cultura rusa o a la africana. Después de trabajar durante años en Europa, Trubetskoy nunca llegó a odiar a los europeos como tales. Pero la hostilidad fundamental que sentían los euroasiáticos hacia cualquier tipo de racismo, ya fuera cultural o biológico, se extiende como el hilo conductor de todo el pensamiento de Trubetskoy después de haber escrito Europa y la humanidad y todavía resuena en su último artículo "Sobre el racismo". Estas ideas siguen siendo imperativas para el actual Movimiento euroasiático.

También esa es la razón por la que Trubetskoy siempre partía de una defensa enérgica de la fe ortodoxa y era ajeno a cualquier clase de sectarismo o eclecticismo religioso. A veces se olvida que, además de sus escritos sobre lingüística y política también publicó muchas conferencias y artículos sobre la literatura rusa basados ​​en la cosmovisión que tenía de la ortodoxa (escribió tanto sobre El cantar de las huestes de Igorcomo sobre la Vida del proto-pope Avvakum y también sobre Dostoievski y Tolstoi).

Los logros en el campo de la lingüística que alcanzó Trubetskoy requieren ser expuestos por separado. Existen una serie de ideas que coinciden con las tendencias de su época y que posteriormente fueros descartadas (como por ejemplo la comprensión estructuralista de las familias lingüísticas), pero eso no elimina muchos de sus principales logros: la formulación de conceptos como unidad lingüística y sus innovadoras teorías sobre la formación de las lenguas literarios. En esa época las ideas de Trubetskoy eran completamente nuevas, pero ahora se han vuelto parte integral de la lingüística a nivel mundial. Explicaremos brevemente las ideas más importantes de sus descubrimientos.

La unidad lingüística significa antes que nada el desarrollo que se produce cuando diferentes pueblos entran en una estrecha comunicación los unos con los otros, aquí se producen toda clase de rasgos fonéticos, morfológicos y sintácticos que son comunes a todas las lenguas que existen en una misma área geográfica, esto sucede independientemente del origen que tengan las lenguas que se encuentran en la zona designada. Junto a la unidad lingüística que existe en Europa Occidental, en los Balcanes, la India y el Asia Oriental existe también una clara unidad lingüística euroasiática que Trubetskoy y Roman Yakobson descubrieron sorprendidos al aplicar métodos exclusivos extraídos de la lingüística: ambos notaron que la frontera de esta unidad coincidía con los límites que tenía el Imperio Ruso/Unión Soviética con respecto a Occidente mientras que se producía cierta erosión de su continuidad en las zonas donde sucedía la transición hacia el Cáucaso e Irán en el Sur.

En cuanto a la formación de las lenguas literarias codificadas y la historia de la lengua rusa, Tubetskoy atacó a los separatistas ucranianos y demostrando que la nueva lengua literaria rusa de los siglos XVIII-XIX llegó a desarrollarse gracias a los esfuerzos de los escritores ucranianos y bielorrusos y, por lo tanto, el ruso se convirtió en un idioma que no le pertenecía únicamente a los grandes rusos, sino que era un idioma único usado por todos para la ciencia y la educación al interior de Ucrania. Si el ruso era abandonado, entonces la consecuencia de esa decisión causaría una degradación intelectual completa, una inmensa barbarie y llevaría a la profanación de todos los elementos sanos de la sociedad que sería promovida por el odio de los nacionalistas sin control. Las tesis de Trubetskoy acerca de la cuestión ucraniana y bielorrusa siguen siendo un faro que ayuda a iluminar el camino no solo de los euroasianos, sino también de toda clase de patriotas rusos.

Aún más importantes son las conclusiones euroasiáticas a las que llegó el mismo Trubetskoy. Mediante el uso de una gran cantidad de material etnográfico (canciones y mitos, música y costumbres populares) planteó en su artículo "Sobre el elemento turaniano en el interior de la cultura rusa" que a grandes rasgos existen muchos elementos comunes en la cultura espiritual y material de todos los pueblos del Interior (Norte) de Eurasia y estos elementos han unido durante siglos e incluso milenios a los rusos, turcos, finno-ugrios y a todos los pueblos de Siberia, el Cáucaso e incluso parcialmente a influido en los judíos y a los gitanos rusos, pero de ninguna manera en los eslavos exteriores a este círculo o a ciertos pueblos turcos, etc. Él llegó a esta conclusión basándose únicamente en los datos históricos disponibles y no mediante la imposición de una agenda política externa. Estas ideas resultan claves para luchar contra las peligrosas quimeras que siguen agitando al pan-eslavismo, al pan-turquismo y al pan-finno-ugrianismo que tienen como único objetivo destruir la unidad del Estado ruso dentro del espacio euroasiático en tanto que agitan la falsa "hermandad" que existe con los pueblos de otras regiones del mundo. Al mismo tiempo, siendo un brillante académico eslavo y habiendo trabajado durante varios años en Bulgaria, Trubetskoy no quiso menospreciar el "elemento eslavo que existía en la cultura rusa" (este es el nombre de uno de sus artículos), pero le da un lugar legítimo y honorable al interior del mismo.

Finalmente, el pensamiento de Nikolai Trubetskoy alcanza su cúspide en dos de sus obras "Sobre el nacionalismo verdadero y falso" y el "Nacionalismo pan-euroasiático". Sus tesis siguen siendo utilizadas por los euroasiáticos de hoy. La lógica científica de Trubetskoy sostenía que después de la muerte de la dinastía Romanov y dada la fragilidad política de la idea comunista para unir a todos los pueblos de Rusia-Eurasia era necesario encontrar una constante que ayudaría a preservar la unidad de este enorme país y que permitiera el desarrollo exitoso de la autarquía económica (es decir, de una relativa independencia frente al mercado externo) que daría surgimiento a una gran potencia soberana que no estuviera asediada por toda una serie de contradicciones interétnicas internas. Durante la década de 1920 Trubetskoy comprendió que algunos "nacionalistas" eran incapaces de entender que incluso cien años después un país con un 1/3 de población no-rusa ocupa casi 2/3 del territorio eurasiático y que todos los intentos de reemplazar el poder del zar o del partido comunista con ideas que ensalzarán a las "naciones rusas", mientras consideraban que la otras "naciones titulares" debían ser expulsadas, solo terminarían por poner en peligro al Estado. El amor hacia la propia etnia, hacia la lengua materna y la cultura tradicional no contradice en absoluto la unidad política y la lealtad a un ideal euroasiático que congrega a cientos de grupos étnicos por medio de un pueblo único que compone la totalidad de Rusia-Eurasia: este es un pueblo que tiene un destino común el cual ha sido forjado gracias a grandes guerras y a grandes proyectos. Trubetskoy señaló perspicazmente que las medidas que estaba implementando el gobierno soviético eran una violación flagrantemente del principio de unidad y que todo esto llevaría al separatismo y al colapso del país. No es culpa de Trubetskoy que los líderes soviéticos no escucharan estas advertencias. Y, sin embargo, no es demasiado tarde para escuchar esas advertencias ahora, especialmente porque ellas nos ayudaran a regular las relaciones interétnicas al interior de la Federación de Rusia y al implementar un proceso de integración euroasiática en todo el espacio postsoviético, asumiendo las tesis de Trubetskoy, seremos capaces de combinar la diversidad cultural de nuestros grupos étnicos con una lealtad común hacia el gobierno, mientras se reprime duramente el separatismo político. Es por eso que el nombre del Príncipe Trubetskoy, que aparentemente solo fue un científico genial, podrá algún día dejar de ser solamente conocido por un estrecho círculo de especialistas en fonología y se convertirá en el estandarte de todos los que luchan por la futura Eurasia eterna.

Notas del Traductor:

1. Los Gediminidas (lituano: Gediminaičiai, samogitiano: Gedėmėnātē, polaco: Giedyminowicze, bielorruso: Гедзімінавічы, ucraniano: Гедиміновичі, ruso: Gediminovichi) fueron una dinastía del siglo XVI.      Una de sus ramas familiares fue conocida como la dinastía jagellónica que reinó también en el Reino de Polonia, el Reino de Hungría y el Reino de Bohemia. Varias otras ramas se clasifican entre las principales dinastías aristocráticas de Rusia y Polonia hasta el día de hoy.

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